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Arco Voltaico

Ambos sonreimos en los avatares del mundo.
Una sonrisa que curvava el plano de la realidad
y lo hacía esferas que contenían aquella alegría
tan tuya

que era el albor de la vida, tu eterna sonrisa
la luna creciente no era más que una banda
hasta que tus labios arco de ciento ochenta grados
la curvaron a tu imagen y semejanza
como el Sol hacedor
temed hombres cuando esta se apague:

 No habrá mañana.

Table Mountain

I.

Hemisferio sur
esa parte de la esfera
incógnita o remota
bajo un horizonte
dónde sigue habiendo un norte
que concibe lo esférico

LA LUNA SE INVIERTE

un espejo perfecto
refleja tu ausencia
en un mar albedado
me habla
susurrando
aquí hay fenomenología inversa

 EN LEJANÍA TE SIENTO CERCA















II.


El fín del mundo es
un lugar geométrico
de coordenadas variables
y denominadores comunes
cielos encendidos
piedras angulares
oceanos planos
y una naranja-ardiente
ausencia de tí




















Las Antenas

I. (La Teoría)

Tres veces cien millones
de metros por segundo
hacen que todo cuanto
sucede en el sistema
tierra-cosmonauta-luna
sea un relámpago.

No es entonces hasta
que nos alejamos
antipódicamente
en este geoide mágmico
el uno del otro
que no se confirma
La Teoría.

La aplicamos;
nos acerca
a escasas milésimas un
encuentro digital
de nuestra carne.


II. (La Práctica)

Kilómetreos y kilómetros
que los recuerdos no alcanzan
los lanzo, omnidireccionalmente y nada
eco sordo en un mar aereo
cavidad de resonancia
cetacea zepelínica
tan lejos y no obstante
nos queremos tan cerca
vencer casi exactamente
ocho mil seiscientos
quilómetros de añoranza
cuarenta y tres mil minutos
de carrera cuya marcha
sin duda emprendería
si en la meta simplemente
estuvieras

El Cielo

I.

Los aviones tienen horizonte
propio singular
mar de tranquilidad
almohada de nubes
se extiende estática
sus cielos sólo los surcan
leviatanes de metal remache
espinazo orgánico
rorcuales mecánicos de
trayectorias cuasi-orbitales
cuyos estomagos llena
la vida de las profundidades

amanece en el mar de tranquilidad
su fauna juguetona
traza el rastro de la vida


II.

¿Perseguimos al horizonte?
nos necesitamos a nosotros
y a un aeroplano
que vuele a
dos Pi seis mil quinientos
y pico entre veinticuatro
quilómetros hora
-eso siempre es-
con gafas de aviador pirelli
avistaremos un horizonte
-siempre siendo, estando
en esencia copulativa-
y buscaremos ese lugar
geométrico celeste
y lo que siempre es
dónde estaremos nosotros


Dos números de referencia


0904 2310 2011

cuando pasados cuatro minutos
aún se escuche
el eco vibrante de nueve campanas
en el plano eclíptico

pensaré que la llegada del otoño
prende definitivamente fuego
alrededor de ese escorpión
amarillo, naranja, rojo

cuando caídas las hojas
marchitas
no entiendan
que la naturaleza lo hace por ellas

pensaré que la llegada del otoño
enciende el fuego mis brasas
que han de darte calor
y dejarnos vivir el invierno

40° 26′ 13″ N, 3° 43′ 18″ W

una columna
resplandeciente a la luz del
sol venus y luna
una servidumbre aérea
al servicio de un mar
de hormigon y acero
náufrago de aguas
que colinden con tu piel y
tu geometría
Expuesto a riesgos,
por dejar que construya
ese puente
que unirá ambos lados

Tolerancia Cero

Como aquellas trazas suaves
de aviones imposibles
que acarician la esfera de un 
planeta que nos cabe en la mano
la vida empieza y termina
el pintor con pulso firme
trazo constante
entra en contacto con la tela del
espacio y tiempo,
levanta
el pincel.
La vida en dos puntos
:
tolerancia cero.

El sonido viaja lento
primero el golpe,
después el repicar,
-lo veo, oigo-
me gustaría conocer el desfase
-entonces-
del sentir
Y así
discretizar cada unidad indivisible de vida
8
tolerancia inifinita.

A veces, sucede que los aviones imposibles
penetran nubes
Ni por encima
Ni por debajo
se desvanecen
Y por un momento,
0
tolerancia discontinua.

Si se intersectan nuestras estelas
tolerancia cero partido por inifinita
Estudio detallado de la indeterminación con respuesta Vida

Latitud Sur


Dedos que en tactilizar un cuerpo
dibujan meridianos, paralelos
encuentran puntos de interés
niveles geodésicos de pendientes
inabastables por cualquier
sentimiento, dónde resbalan las
emociones. los lunares coordenados
24 grados latitud sur. sobretodo
sur. sur surcando esos mares planos que
se erizan. ese cabo verde,
tierra del fuego, oceanía, tempestades,
leviatanes, odisea, cuatro mares.
el ojo de un huracán que
arrancará las sábanas y dejará
un mapamundi con la impertinente
traza de unas nubes erráticas, fin.

Rojo Verde Azul


La farola izada cuya candela nocturna es un misterio
la enchufan, gasta, naranja atómico y los funcionarios la justifican a horas
un brillo, alguna polilla, una resistencia

La bombilla que cuelga no encierra ningún misterio
la enchufas, gastas, blanco neutrex del futuro justifica que harás a esas horas
un brillo, un calor, un resistor

El led discreto del display tampoco tiene misterio
lo enchufas, gastas, rojo verde azul, y también dá las horas
un brillo, baja temperatura, unos pico óhmnios

Un reflejo de tus ojos sí encierra cierto misterio
los abres, me miras, nudo, pálpito, emoción, gota y ahora
pirámide de diamante que polariza

la ténue luz que brilla en mi interior
Todo el espectro discretizado en 256 colores
Y aún así soy incapaz de

encontrar palabras del tono preciso, 
un matiz, como para describir el sentimiento que 
ilumina esa mirada entre las sombras que me habitan

Complemento Cirunstancial

¡Sucede que eres como la Luna!
te encuentro
tienes una piel lisa pálida marmórea
te encuentro
un poco fría desenfocada esculpida en selenita
Eres una idea y eterna Una sustancia completa
todos los tiempos y lugares

¿Qué sucedería si tuvieras condición humana?
te encontraría
tendrías una piel fina morena perecedera
te encontraría
un poco caliente palpable radiante de carne
Serías una realidad y finita Complemento Circunstancial
un sólo lugar y tiempo:

                                                                     aquí y ahora
                                                                     dame un beso.

Lirilizándote

Yo creo que no tenemos ni idea
bueno dicho de otra forma, mejor
yo creo que no tengo ni idea.

La mayor parte de los días,
lo consigo reconstruyendo escenas
de una memoria
es decir acelerando las partículas del sueño.

Dicho para que nos entendamos
no tengo ni idea de la magnitud del fenómeno astronómico que ha supuesto nuestro encuentro.

Travesía a través del interior

más
más Diós quiere: más
más vacío, más espacio más
más azul, verde más, más cráteres, más
más helio, más isóbaras más y más truenos más
más y neón alquitrán más, lumbre y alumbre más
más, Diós quiere más que quiera más de mi mismo: más
más cuerpo, carne más y más párpado más iris más
más sangre más rojo blanco plasma más
más mitosis más procariota más
más Diós quiere: más
más

última noche en la tierra

un cielo ensaetado
un aire ionizado
un mar en punto de ebullición
un suelo entretectónico

todo llevado al límite de lo soportable
todo dispuesto para que pasemos
nuestra última noche en la Tierra

dos miradas anegadas
dos bocas secas
dos manos nerviosas
dos vientres enredados

todo llevado al límite de lo soportable
todo dispuesto para que pasemos
nuestra última noche en la Tierra.




las nubes serán más bajas y nublaran nuestra mirada
el viento rozará y rizará nuestros paisajes
y los mares crecerán e inundarán la Tierra y nuestra sed
y todo penetrará todos y cada uno de los confines de nuestro único vientre


todo llevado al límite de lo soportable
todo dispuesto para que nos fundamos
en nuestra última noche en la Tierra.

Viscosidad Dinámica

Los ingredientes para pasar una eternidad son sencillos,
mesurables, tangibles, finitos y cerrados en contornos.

Pero debes cuidar tu partida; si la Luna está llena y cenital,
entonces tu sangre y tus lágrimas; serán muy fluidas.

Si la Luna es nueva y se atreve a mostrarte su cara oscura,
entonces tu sangre y tus lágrimas; serán muy densas.

Pues ella lo puede todo, hacer pesados o ligeros tus pensamientos,
decidir si es momento, o no, de ponerte en órbita interplanetaria,
y pasar allí una eternidad mesurable, tangible finita y cerrada.

Mira; te escribí un poema

Y menos mal que
de tanto en tanto
por tí pero sin contigo
las cosas se vuelven locas.

Y digo locas por no decir
que el mundo se centrifuga,
es decir yo sigo en el centro,
tú irremediablemente te alejas

Y la brújula da vueltas y vueltas
siguiendo el surco de un vinilo
con una vieja canción impresa.

Y claro, siempre me mareaba
hasta que dí con el remedio y
mira; te escribí un poema.

Amanecería


Si un día no saliera el Sol,
amanecería, aún así.

Bastaría sólo con que
levantaras un párpado

y un iris verdoso reflejara un brillo,

por ejemplo el que emite mi sentir hacia tí.

Se me antoja no obstante más difícil tener yo suficientes fuerzas gés
que te atraigan hasta hacerte despertar a mi lado,

que un día no salga el Sol y no valga ni el albeldo lunar
ni Venus en una mañana de verano.



El Hombre de Cera


Enciéndeme un deseo que dure lo que una vela.
Haz que me derrita quemándote.
Apágame cuando los deseos estén fundidos en la mesa.
Haz que me petrifique amándote.
Conviérteme en tu mente en hombre de cera.
Haz que viva iluminándote.
Viérteme si mi sangre quema.
Haz que me apagues matándote.

*

Tángram

Si la vida fuera un círculo
tu serías su centro
si la vida fuera un octógono
tu serías su centro
si la vida fuera un pentágono
tu serías su centro
si la vida fuera un triángulo
tu serías su centro

Y en cualquiera de los lugares geométricos,
te encontraría.
Pero no, ni eso,
la vida no tiene ni infinitos,
ni ocho, ni cinco, ni tres puntos.
En el juego de las figuras la vida es una recta;
tiene dos puntos.
Recorridos linealmente. Principio. Fín.
No hay centro.
Es por ello que a pesar que seas mi centro amor,
nunca te encontraré.

Sobre el día, que nunca llega


Nada, un ruido.
Nada, serie de tímidas huellas en la tundra, asustadas.
Nada, delirios en la oscuridad.
Hierbas temblorosas cobijadas bajo un manto blanco.
Heladas, silbante viento, ramas resonantes.
Miedos consonantes, llano en la penumbra.

Y al fín, el rayo que no cesa.
Proyección sutil rosácea que acaricia la estepa.
Perlas cristálinas, desheladas; rocío. Indicio de mañana.

Y al fín un pájaro canta. Y otro. Otro.
Lapis lázuli dispersado cubriendo llano.
Escarcha que se desprende de telaraña;
insecto que liberado, alas baten, haces cortan.

Y llega la primera hora de Zaratrusta.
La mañana que nos da la vida; viviendóla.
Cuál cosa infinita. No hay llanto si no es por espinas.
No hay mal que por bien no venga:
persistentemente tras las nuves; rayos de esperanzas.

Quisieras que cesara ese rayo al mediodía;
zenitalmente se llega a la cima,
llegada la mala hora, se alargan las sombras de la vida.
Encurvando el paisaje de la carne;
siendo visto, verse reflejado en ojos de otros.

El rubí ya se fragmenta ya recubre hasta las emociones;
la conciencia de que no todo dura;
el saber en su conocimiento se da por repetido;
las ganas de hacer nada; el ir tallando el cobalto.
Pulir el azabache pues no se tiene otra cosa en la vida.

Retorno de las consonancias, de los silvidos, las resonancias.
Violines que violentos anunciarán ruidosamente la vuelta
hacia la nada.


La fotografía que encabeza el poema por Pere Sitjà i Corrius, publicada aquí.

Sobre un final orgánico


Hoy haré que mi vida pierda su sentido;
ya
es solamente la última curva del camino;
una
forma extraña y me espera sentada en el recodo;

Se levanta al aproximarme: "siempre hay algo que aprender
viene
a mí al levantarme: a la repetición no tienes que temer".
Conmigo
se sienta entre un cielo al óleo rojo de atardecer.

A acariciar los senos de la vida
A besar a la boca la columna del sino.
A tragarse todas las lenguas del mundo.

Eres un Norte

He andado muchas sendas,
con ojos vendados.
*
He cruzado muchos ríos,
con aguas angustiadas.
*
He encumbrado montañas,
con pies atados.
*
En todos esos haceres,
un punto cardinal había:
tu mano en la mía.
**
Ahora me he perdido;
ando aturdido,
nado hundido,
subo caído.
*
Te he perdido.
***