Sabina te ha escrito un Blues

Lo-Li-Ta, Lolita, así empieza el Libro de Navokov, describiendo el placer que supone pronunciar ese nombre, como la lengua recorre el paladar en tres movimientos. A mí sinceramente la lectura de dicho libro se me hizo ardua, al final Vladimir consiguió meterme en la cabeza de un enfermo y consiguió que una muchacha de la edad de mi hermana me provocara, aunque yo al leer el libró evocara a una chica mucho mayor, seguramente eso es lo que sentiría el perturbado, también está publicado el Hechicero, una especie de borrador de Lolita, pero este ya pierde toda la gracia, por un gran motivo. El gran motivo, es que Navokov es natural de Rusia ergo habla y escribe Ruso, Lolita es original en Inglés, en un inglés brillante, el fin era situar el libro en EEUU, el medio; aprender inglés. El Hechicero es original en Ruso. Y sin embargo ¡cuán equivocados estamos todos acerca de Lolita!

Mucho cuidado con el usarlo como adjetivo, no es de uso gratuito. No es tan caro como el “te quiero” pero se le asemeja; la cultura popular se lo ha adquirido para describir a una muchacha joven, iniciada de forma temprana en la sensualidad y poco después en la sexualidad. Se las suele reconocer por la calle por aquello que desprenden que hace que todos nos giremos, algunas incluidas. Ellas no dan crédito a la patología que padecen, pero sólo se quejan de ella a sus mejores amigos, para que comprendan el porqué jamás se acostarán con ellos. Pero están enfermas, ¡Oh si! Y lo peor es que contagian, sí, de una enfermedad que ellas no parecen (y digo parecen) padecer; la del corazón. ¡Bien saben de qué hablo aquellos pobres que van con ellos a restaurantes! “¡Maldito camarero!, ¡Madito crucigrama!”. Y saltan de tejado en tejado, como gatas en celo. Sus amantes se suelen (dependiendo de su naturaleza) ahogarse en el pañuelo de amargura, ¡Si hay Dios espero que me libre de toparme con alguna de ellas en el marco de mi ventana! ¡En mi alcoba!

¡Y cuán equivocados estamos! Vladimir no quiso construir la fèmme fatale preadolescente, no quiso crear un molde de cera para crear una mujer de mármol, fría incapaz de entrar en calor salvo con el roce de centenares de cuerpos. De ninguna manera, Vladimir nos metió en la cabeza de un perturbado; y nos esbozó una chica joven, inocente, víctima, consciente de su belleza, que la aprovecha (¿Quién no lo hace en este mundo en el que todo es imagen?), que descubre la sexualidad, es reprimida por un padrastro que la viola de forma indirecta, que se construye la idea de violarla, de amarla. Pero eso nunca sucede. ¡Nunca! Y ella termina embarazada de un hombre ordinario, sencillo; aquél que tanto gusta, y fin de la historia.

Esa es Lo-Li-Ta, Lolita. Lolita no es un nombre, es el médium que en un libro y dos películas nos vuelve a todos unos pervertidos, es un adjetivo con el que es mejor no toparse.

Vade retro alter ego

Suena el teléfono, un tono, dos tonos, tres tonos… “¿Hola?” ¿Sabes quien soy? “¿Diga?” ¿No me reconoces? “Espera, oh… no puede ser” Oui mon amour, c’est moi “Pero, dime algo, te lo ruego” silencio “¿Aún no me has perdonado?” silencio “¿Eres tú?”. Se cuelga el teléfono. Llueve fuera y hace frío fuera, también dentro. Está sentado, al lado del teléfono. Caen gotas encima de la mesa. Ya no puede más.

Se concieron como se conoce todo el mundo; por casualidad. Compartieron una noche: palabras, risas, vino, poemas, canciones. La mañana siguiente despertó sólo pero con una determinación. Se quisieron al poco tiempo. No se volvió a despertar sólo durante mucho tiempo. Todo el mundo sabe que sólo ese tipo de noches conducen a perder a esa amante inoportuna llamada Soledad, todo el mundo sabe que se vuelven a hacer difíciles las noches cuando vuelve. Y volvió. Volvió porqué ella se había ido con otro. Y los tiempos pasados nunca murieron, y las verdades no se conviertieron en mentiras.

Él lo sabe bien, se le hace difícil vivir sin ella, colma los sentimientos: lleno de llanto, lleno de amor, se le hace difícil quererse a sí mismo. Proyecta su culpa en ella. Sus fracasos, sus desengaños, y se dice que el amor puede crecer hasta en la última llúvia. Y entonces empezó… Cada día que pasaba la necesitaba menos. Empezaron a aparecer las cursivas en su vida, fragmentos de sus pensamientos con los que no contaba, una parte de sí que despertó, una parte oscura, incontrolable, irrazonable; la necesitaba ¡menos y menos! Entonces empezó a llamarla. Al principio no se atrevía a articular palabra. Y es ahora cuando se empieza a narrar en presente, en primera persona:

Caen gotas también en la ventana. Acaba de colgar el teléfono, se dice que jamás, jamás ha deseado tu muerte ¡Aún! Sale de su casa, coge el coche. Conduce. Aparca, se baja del coche, las gotas caen fuerte sobre su chaqueta, mira su casa, da unos pasos, se detiene. ¡Aún! ¡Detente! ¡Ahora! ¡Te dí mi tiempo, mi vida! Me dijeron que sería un crimen. Avanza, cruza el jardín, llama a su puerta:

Soy yo, tu luz, tu candil, sí la vela encendida condenada a apagarse. Todo lo que quise, lo que he querido: estar contigo y sí sufrir dia tras dia. ¿Quién decidió un día que yo sólo me reiría de esta vida? Creo que tolero tu odio mucho más de lo que temes. Dime que las mentiras se perdonan De nuevo mi sombra… ¡entrará en tu vida! Abre tus ojos azúles ¡dímelo!: “¡Te quiero con todo mi ser!” Haz que me lo crea…¡Sé que mientes! Supongo que la vida a veces no es como queremos. ¡Llorarás por este infierno! Dime que no murieron esos días ¡O te matarán! Tendrás ahora todas las cosas que pueda darte, sólo tienes que abrir esta puerta ¡C’est moi!

Y entonces en el lago, el cisne negro abatió sus alas. Las había mantenido plegadas para la noche más oscura. Y levantó el vuelo.

Variación Tercera

Idea para un cuento: Un hombre llega a un circo por una oferta de trabajo, él debe mostrarle al director del circo sus habilidades. Idea para una fábula: Un hombre llega a un circo por una oferta de trabajo, él debe mostrarle al director del circo sus habilidades el director se ríe de él cuando este le dice que su habilidad es volar. Idea para una novela: Un hombre llega a un circo por una oferta de trabajo, él debe mostrarle al director del circo sus habilidades el director se ríe de él cuando este le dice que su habilidad es volar entonces él se va volando. Idea para una variación: La Levitación.

Asiduo lector, ¿cuántas líneas innecesarias te has saltado? Levitar; siempre es bonito levitar, ser levitado, ya sea por la propinación de una ostia bien dada o un susto mayor; sobretodo lo primero, que eso, que lo primero es más bonito. Eso fue lo que sucedió des de aquella noche. Se levantó, y ¿saben aquello que dicen? Sí, que uno se levanta con uno de los dos pies, pues el pobre hombre no pudo experimentarlo ya de nuevo y jamás tuvo nueva excusa para justificar su mal humor heredado de un desengaño matutino. Resulta que en sueños alguien le contó cuales instrucciones de uso, más o menos, lo que sigue:

Deberá usted comprobar y entender en primer lugar si quiere levitar, que la pluma pesa. Pesa más un kilo de plumas que un kilo de hierro. La levedad debe ser insoportable, y lo pesado ligero. Esa es la clave, porqué en principio es usted pesado y usted en principio, exento de estupefacientes no flota, sin embargo si flota la pluma, debe usted permitirse una licencia léxica; crease que la levedad de la pluma es insoportable y que su peso es fácilmente soportable. Y ¡zas! Se acabaron las excusas matutinas.

Lo peor fue comprobar que no podría hacer esquí de fondo con sus alpargatas por la mañana, con lo que le gustaba emular a los fondistas a tempranas horas mañaneras por el pasillo de su pisito alquilado. Y con esos escudos que tenían… él no tenía medallas, las únicas en las alpargatas…ese precioso escudo medieval que jamás podría clavarse en la solapa. Qué pena. La siguiente experiencia inquietante en la que cayó fue al bajar en ascensor del cuarto piso en el que vivía. El ascensor no notaba su peso, notaba su levedad, y por lo tanto esa etiqueta en el ascensor “cuantos quilos pesa”, “cuantos quilos aguanta” dejaba de tener sentido. Y hay, cuantas cosas dejarían de tener sentido en su vida. Levitar dejó de ser irremediablemente alegre.

Al menos eso le serviría para ligar, por eso de parecer más alto. Y el diá pasó, sí, como las cosas leves que no tienen mucho sentido. Le despidieron del trabajo: era bailarín de claqué en un importante espectáculo en la gran vía: El Claquetista de la Principal, antaño conocida como Ciudadano Claquero, y en futuro en su estreno en Barcelona como No es país para Claqueteros. Le echaron y cuál ángel caído del infierno erró por las calles del centro de Madrid, ni siquiera le quisieron para vendedor de alfombras: no logró convencer a los de la tienda de que eso de levitar y no pisar las alfombras era una gran ventaja. Fue entonces cuando se convenció a si mismo que debía solucionar aquello. Como era un tipo ingenioso, visitó a un amigo suyo zapatero que no se sorprendió nada de su recién adquirida habilidad puesto que él esa misma noche había recibido las “Instrucciones sobre como darle cuerda a un reloj” y a un amigo suyo cuando fueron a hacer el cortado le habían indicado en sueños también las “Instrucciones para bajar un peldaño de escalera”. Total que su amigo el zapatero en un periquete le hizo unos zapatos con una suela de acero inoxidable del bueno, para poder andar sin ir levitando, como hace la gente normal, porqué todo el mundo sabe que sólo levitan los bohemios. Más tarde, casi al final del día pegado en una farola llegó la solución.

“Casting para artistas de Circo. Abstenerse artistas que hayan actuado en La Rambla de Barcelona”. Ese último detalle se lo ponía fácil. Se presentó después de levitar algunas calles, zapatos en mano, andando otras i encontrando finalmente el circo. Entró, en la mitad de la pista, acompañado de un tigre albino se encontraba el director de circo, un hombre bajito, moreno con bigote y con traje y sombrero de copa.

DIRECTOR: Hola, bien entonces cual es tu nombre.
ÉL: Eso no es difícil de contestar, aunque un tanto vergonzoso, me llamo Eustaquio.
DIRECTOR: ¿Como el de la trompa?
ÉL: Oh venga… por favor, no haga como todos,. ¡Estúpida broma! Entonces dígame ¿que tengo que hacer para trabajar aquí?
DIRECTOR: Todo se rige en función de sus habilidades únicas, si nos gustan le contratamos, si no nos gustan le largamos. Dígame, ¿cuál es su habilidad?
ÉL: Pues mire, yo vuelo.
DIRECTOR: ¿Cómo?
ÉL: Pues eso, bien en verdad más que volar, levito.
DIRECTOR: ¿Qué pasa acaso se ha tomado tres latas de fabada?
ÉL: No se ría usted, es algo problemático, de veras, por ello quiero entrar en el circo.
DIRECTOR: Mire oiga, tengo ahí en la cola a gente capaz de cosas coherentes tales como escupir fuego, hacerse el sueco y hasta tengo a hombres camaleón, y usted viene y me suelta que vuela. ¿Qué se cree que es esto? ¿Un circo? ¡Ande y lárguese, váyase por ahí con sus estupefacientes!
ÉL: Está bien… ¡adiós!

Se levanta de la silla, sale levitando del circo, cruza la calle se dirige hacia el centro. Mira hacía la Gran Vía, hay un tumulto de gente, la carretera está cortada y la gente baja hacia La Cibeles donde hay un espectáculo pirotécnico.

Tanta gente, le dolió.

Variación Segunda

Habitar; siempre es triste habitar, ser habitado; sobretodo lo segundo. Eso fue lo que sucedió des de aquella noche. Se presentó desdoblado, voces en su cabeza, a sabiendas de la oportunidad que tenía; una mujer apasionada, reprimida, terriblemente atractiva cuya feminidad había estado en letargo durante los últimos tres años a razón de una relación que ya había terminado. Ellos eran amigos, buenos amigos. Evitando detalles todo terminó en la puerta de su casa; se abrazaron. Y sin embargo ella no se quedó sola.

Parecía como si él se hubiera sugerido conociendo la naturaleza de ella; lo intento por todas las direcciones y terminó siendo consciente de que ya formaba parte de la mitad de su consciencia, ella lo tenía en su cabeza, y allí se quedó, era ella quien daba las órdenes pero el quien las elegía. Luego quien sabe, la reacción de ella podía ser cualquiera. El verbo empezó a jugar: “empuja a aquella asquerosa vieja”, y ella lo hacía, no podía evitarlo y así sucesivamente, hasta que no pudo salir de su casa. Esquizofrenia. Un hombre encerrado en su mente que le ordenaba a ella. Y ese hombre en ella quería matarle a él. El pensamiento a la persona a quién representaba. “Yo te he hecho daño, te he dejado, ahora merezco que me mates”, ella se retorcía, se arrancaba los cabellos, se golpeaba en la cabeza, pero él seguía allí. Y él quería que ella le matase. Fue fácil: quedaron, con promesas sexuales se dirigieron al piso de ella; esperando en el metro ella oyó su voz “ahora, ¡empujale!”. Y así fue. La detuvieron. La encerraron. Y antes de llevarla a juicio trajeron a otro, un psiquiatra especializado, su juicio decidiría:

Él se sienta en su silla: una habitación acolchada blanca, una mesa entre él y entre ella, pálida, con ojeras, con una bata blanca y con las piernas cruzadas.

ELLA: Hola, Oye lo siento pero él me dice que te mate.
ÉL: No eso es difícil, ¡sabes cuanta seguridad tengo conmigo
ELLA: No vamos a poder quedar hoy tampoco… ya no aguantaba más te lo dije… eso me decía el hijo de puta. Sabes…él me lo ha dicho: dentro de poco sonarán tres alarmas, entonces será el cambió de guardia, durante pocos segundos los guardias estarán distraídos y entonces te ahogaré con mis manillas, te desgarraré el cuello, morirás asfixiado. Y sabes… nos da igual, ya estamos aquí dentro.

El rostro de él se tornó pálido, empezó a sudar y se quedó sin voz.

ELLA: Oh venga… por favor, no te pongas así. ¡Era broma! Entonces dime… ¿que tenemos que hacer para salir de aquí?
ÉL: Lo sé, lo sé, sin embargo tu también sabías…
ELLA: De veras lo siento, quiero curarme y echarle de mi cabeza.
ÉL: Claro, claro, si, eso, seguiremos la siguiente sesión, sí en la siguiente. Adiós.
ELLA: Adiós.

Se levanta de la silla, sale de la comisaría, cruza la calle se dirige hacia el centro. Mira hacía la Gran Vía, hay un tumulto de gente, la carretera está cortada y la gente baja hacia La Cibeles donde hay un espectáculo pirotécnico.

Tanta gente, le dolió.

Variación Primera

Evitar; siempre es triste evitar, ser evitado; sobretodo lo segundo. Eso fue lo que sucedió des de aquella noche. Se presentó disfrazado, con pretensiones, a sabiendas de la oportunidad que tenía; una mujer apasionada, reprimida, terriblemente atractiva cuya feminidad había estado en letargo durante los últimos tres años a razón de una relación que ya había terminado. Ellos eran amigos, buenos amigos. Evitando detalles todo terminó en la puerta de su casa; se abrazaron. Y sin embargo ella no llevaba sujetador.

Él se había sugerido conociendo la naturaleza de ella; lo intento por todas las direcciones y terminó siendo consciente de que ya formaba parte de la mitad de los amigos tontos, a los que no se había tirado, y allí se quedó, plantado en la puerta con la volátil promesa que saldrían el día siguiente y se emborracharían y luego. Luego quien sabe. Pero el lo sabía bien, el verbo empezó a jugar: evitar, primera conjugación como esfumar. Pasó otro día y siguió la promesa, endulzada esta vez por una excusa como otra cualquiera otra obra de teatro. Tuvieron que pasar una, dos, tres. Dos comedias y un drama. Y el que se avecinaba para su feudo interior.

Llegó una nueva promesa, una nueva insistencia, una nueva esperanza pero su cabeza estaba ya llena de humo. Y esa vez la esperanza no se esfumó hasta el último momento.

Él se levanta de la silla, se excusa de entre sus amigos que apunto están de empezar a cenar. Llama por el móvil, suena un tono, dos, tres…

ELLA: ¡Hola! Oye lo siento me vas a matar.
ÉL: No eso no es difícil, ¡sabes cuanta paciencia tengo contigo!
ELLA: No vamos a poder quedar hoy tampoco… ya no aguantaba más te lo dije… estoy lejos en un pueblo perdido con un amigo. Necesitaba estar lejos de todo esto. Necesitaba…
ÉL: Lo sé, tranquila, lo sé, ¿estás mejor entonces?
ELLA: Oh venga… por favor, no te pongas así. Te mandare uno en los que te digo que te estimo. Sabes que lo necesitaba.
ÉL: Lo sé, lo sé, sin embargo tu también sabías…
ELLA: De veras lo siento, quiero conservar nuestra amistad.
ÉL: Claro, claro, si, eso, disfruta. Disfruta. Adiós.
ELLA: Adiós.

Cuelga el teléfono, sus últimas palabras han sido duras. Mira hacía la Gran Vía, hay un tumulto de gente, la carretera está cortada y la gente baja hacia La Cibeles donde hay un espectáculo pirotécnico.

Tanta gente, le dolió.

Introducción a una variación

Todo el mundo conoce muchas de aquellas verdades llamadas inútiles, como por ejemplo que somos mortales o que el mundo está podrido. Y allí va otro ejemplo: que todo se repite. Historias de amor, cada uno de nosotros cree que escribe con fuego una nueva en cada lío que tenemos cuando en el fondo no es así, todo está canonizado e inventado; una visión triste del mundo a decir verdad. Todo se repite y todo es círculo y da vueltas. No obstante podríamos darle una vuelta de tuerca. No hay nada nuevo bajo el Sol, es cierto pero, incluso el menos purista se lo pregunta; y sin embargo no hay dos personas iguales, planteémonos pues reformularnos el problema; todo se varía, todo es variación. Las cosas no se repiten, si no que vivimos variaciones de vidas ya vividas; cambiamos el círculo por la espiral, el triskelion, bendita sabiduría celta. Todo da vueltas pero nunca por el mismo sitio, además en todo hay un génesis, hubo un primer Romeo, un primer Curial, un primer Quijote, un primer Jacques; que tuvieron sus primera Julieta, su primera Güelfa, su primer Sancho, su primer Amo. Y el resto fueron ya variaciones, y la espiral aumenta y aumenta.

De eso básicamente y de muchas otras cosas versa el núcleo de este bendito més de Abril; la obra de teatro que hemos representado bajo el Festival de Teatro de la UPM, Jacques y su amo, un homenaje en tres actos a Denis Diderot. Lo que sigue es una humilde variación, un divertimiento, un juego de palabras; la vida misma.

Los domingos por la mañana, sobretodo si uno tiene visitas, se pasan en el rastro. El rastro es para mi una de las esencias de esa fragancia llamada Madrid. Un sitio inspirador, poético y a la vez eminetemente práctico, estando un dia M. con N. en éste: “Habla de un hombre que levita” “¿Cómo que alguien evita a Woody Allen en persona?” y de eso encontramos tres variaciones de una misma palabra, que en catalán: Levita el homónimo en castellano. L`evita en castellano le evita i L`habita,es decir le habita, a fonética cierta, en catalán suenan exactamente igual y es aquí donde empieza el juego de las variaciones.

¿Quién me ha robado el mes de Abril?

Es de acuse de recibo: ¿Cómo pudo sucederme a mí? Ando por una calle cualquiera en dirección a Moncloa, cargado, pero sobretodo de negro, entero de negro; camisa negra de Zara, Bombín negro de pega, Converse negras. Y unos Levis negros del Rastro. Llevaba también embarrocando mi aspecto un ramo de rosas, era 28 y tenía hasta 5 rosas, hechen cuentas. Llamo al timbre, me abren, le pongo el bombín: es Sabina. Sí es ella, el célebre personaje de La Insoportable levedad del ser, poca cosa, más bien delgada, nada de acuerdo con eso están sus pechos; rostro redondeado pero muy fino, como su nariz, en esta tiene un aro. Ojos profundos, oscuros; sugerentes, ojeras que la delatan como gata nocturna. Pelo corto, moreno, muy a la moda. No anda desnuda sobre un espejo como Sabina, y sin embargo es Sabina. No obstante para bien o para mal, yo no soy Tomás, yo soy el hombre que nunca estuvo allí, almenos en Abril.

Cuantas cosas el mes de Abril, desde su principio hasta su final, Abril es como muchas otras palabras el nombre de mujer, para mi Abril está a la misma altura que Alegría, Soledad y todos aquellos nombres propios en sentido estricto y figurado que llevan nombre de mujer. Pero ¿podría yo en sentido estricto insinuar que tengo que atribuirle a Abril nombre de mujer?

C. no tiene quien le escriba

Estimado C.,

sigo empecinado con esa novela. Siento decepcionarte pero es así, tenías razón cuando me decías aquello que me tomo mi vida como si fuera una de ellas, la mejor que jamás pudieras leer te solía decir. Y sin embargo aquí sigo, avanzando página a página, capítulo a capítulo. Estoy preparando uno grande ¿sabes? Uno de esos con cambio en la trama, con la aparición repentina de nuevos personajes, con la resolución de viejas intrigas. Pero no te creas que con este voy a darla por concluida. Dicho capítulo lo tengo todo en la mente, lo he visualizado, tan sólo me falta redactarlo, hay… todo hay que decirlo, un grave problema: Es muy difícil para mi (y a la vez tan fácil) escoger las palabras que tengo que poner en la boca de ella.

Tenías razón cuando decías aquello que debo dormir más, me pesan los pensamientos; volvías a tener razón cuando me decías que no compartiera piso, que mi personalidad me llevaría a cometer estupideces que obviamente he acabado cometiendo…maldito amargado de la vida ¿por dónde iba?

Escoger las palabras… las palabras que debo poner en tu boca para este juego de sombras. “Nuestro amor es como el amor que sentían los habitantes de la caverna de Platón por las sombras del mundo que se proyectaban en las paredes de la cueva. Un simulacro a distancia”. Recuerdo la novela homónima de Saramago, por ella se ganó mi respeto. Qué fantástica pincelada final. Joder C. es como sí yo pudiera titular a mi novela; El Amor de A. por Z. y conseguir que los imbéciles de los lectores (recuerda quien se repite toma por imbéciles a quienes les escuchan y ya me dirás tu si no hay nada más repetido y hecho variación que las historias de amor, estamos rodeados de ellas) se sorprendieran al final del libro del amor de A. por Z. Pero desvarío. ¿Crees que tengo algo que envidiar de Saramago, algo que hacer con Platón?

Poniendo esas palabras en su boca le proporciono a A. demasiadas reflexiones que no le pertenecen. Eso es lo peor de nosotros los que escribimos C., condenarnos a construir la psicología de nuestros personajes, a darles vida, a hacerlos crecer por entre las páginas. Seguramente estos personajes no serán en esencia originales, seguramente serán variaciones de otros de cuyo rostro no nos queremos acordar, luego te enamoras de ellas, y sólo cuando recuerdas sus rostros te das cuenta de que estás un poco más apartado de este mundo. Que no es bueno enamorarse de sí mismo. Está bien eso de hacerse el amor, sí, pero ¡hay que vigilar de no enamorarse!

Caray, podrías dignarte a volver C., deja ya ese sitio en el que te escondes y ven que saldremos, ven que beberemos, ven que imaginaremos y si eso quizá algún dia, dormiremos. Y hasta ese día te aseguro que no sabrás como termina ese capítulo, y menos aún cómo sonarán las tapas duras de la novela al cerrarla en la úlimta página. Pero qué más da eso, tu lo solucionarías rápido: “Todos los finales son el mismo repetido”. ¡No dejes que se borre tu camino de vuelta amigo!

Atentamente,

M.

El Rostro bajo el Sombrero

Temprano, en una mañana, me levanté, y para matar el tiempo cogí el rifle de Jeff. Me lo colgué en la espalda y me subí a una colina. Este jodido Sol ya cegaba, ya mordía, no pasaba ni una comadreja, maldito sol, escondí mi rostro bajo el sombrero. Vi a un jinete solitario a lo lejos, levantando polvo entre el calor del aire, allí abajo en la llanura. Me arrodillé. Respaldé el rifle en mi hombro. Le apunté. Quería prácticar mi puntería. El rifle se deslizó de mi hombro, se disparó. El caballo siguió cabalgando y el jinete no. El jinete había muerto… y mi rostro bajo el sombrero. Con el rifle en la espalda, me levanté y corrí, corrí. Intentando despertar del sueño. Se cayó el rifle. Seguí corriendo hacia las tierras del sur. Allí fue dónde me encontraron, con el rostro bajo el sombrero. Me había despertado del sueño. “¿Hijo porqué lo has hecho?¿Porqué has corrido?”me dijo el Sheriff. Luego fui consciente de lo que había hecho… y mi rostro bajo el sombrero. Todo sin ninguno sentido. Puntería, mi rostro bajo el sombrero. Toda la ciudad estaba en el juicio. “Explicale al jurado que te pasó por la cabeza”, preguntarón al jurado que veredicto tenían. “Sentí el poder de la muerte sobre la vida. He orfanado sus niños, enviudado su mujer. Espero que me perdonen, ojalá estuviera muero” Y mi rostro bajo el sombrero. Bajo el sombrero. Bajo el sombrero…

Temprano en una mañana, para matar el tiempo, ensillé mi caballo. Les vi en la colina. Me acerqué a ella, y la justicia hizo lo que tenía que hacer. Ví entonces en la llanura un jinete solitario levantando polvo, monté el mío, rezé una plegaria y me fui con él a la tierra prometida.



SLEEP WELL, MY BABY...

Ella tenía razón; M. escribe. Llovía pero yo no llevaba paraguas, la llamé, “tuc,silencio,tuc”, colgó. Eso fue el día después. El día después de llamarla y oír su silencio, de que me traspasaran sus suspiros, su llanto filtrado por una línea telefónica, y entonces volvió a sonar “tuc,tuc,tuc”, colgó. Pero eso fue el día después.

El día después de que me describiera su decepción, nuestro error; un error común, los que comete todo el mundo y todo el mundo conoce, el nuestro se había materializado de una forma muy distinta; La peluca rosa había dejado de tener sentido, la lencería negra era ridícula, los números ya no nos hablaban y las velas sólo me hacían ver que todo se consume y que ante todo con el tiempo todo pierde su forma, pero eso fue la semana después.

La semana de antes, todo era una profunda renovación, renovación de ilusiones, intenciones, una reconstrucción de nosotros mismos; ella me sorprendería y yo haría algo que llevaba sin tiempo; agradecérselo, mi cinismo no tenía ya límites. Pero todo eso fue un año después. Un año, una semana y un día antes para ser exactos ocurrió; rasgué el telón. Dejé de ser su amigo, me convertí en cómplice de su desnudez y viceversa, me convertí en testigo de su misterio y viceversa. Dicen que cuando hacemos el amor por primera vez con una persona todo cambia, se descubren inmensidad de cosas que nos invaden sensorialmente que desconocíamos de la persona con la que nos acostamos, que nuestra relación con ella da una vuelta de calidoscopio y en ese tránsito giratorio, ese desenfreno de colores y formas, ese orgasmo geométrico nos presenta a su término un retrato totalmente distinto de la persona en sí, como si tuviéramos una foto de van Gogh y pudiéramos sustituirla por su célebre autorretrato.

La pregunta es la siguiente: ¿Qué es lo que viene antes? ¿Qué es lo que viene después? Pasamos del detalle fotográfico al libre trazo impresionista o acaso pasamos de la superficial instantánea al mundo interior de cada pincelada. ¿Qué diferenció ese primer acto de amor de los demás? ¿Cuántas vueltas dio el calidoscopio para llegar al mismo sitio? Recuerdo que esa noche le susurré al oído “Sleep well my baby”. Ahora antes de acostarme, cuando me enfrento a mi nueva situación, porqué siempre tendré que diferenciarla de una vieja, pienso en esa frase para mis adentros. Algunas semanas antes, es decir unos trece meses antes yo andaba por la calle, me detuvieron, me hablaron en perfecto ingles, y me robaron el sueño.

Y en sueños digo “I’ll be back one day” .