¿Quién me ha robado el mes de Abril?

Es de acuse de recibo: ¿Cómo pudo sucederme a mí? Ando por una calle cualquiera en dirección a Moncloa, cargado, pero sobretodo de negro, entero de negro; camisa negra de Zara, Bombín negro de pega, Converse negras. Y unos Levis negros del Rastro. Llevaba también embarrocando mi aspecto un ramo de rosas, era 28 y tenía hasta 5 rosas, hechen cuentas. Llamo al timbre, me abren, le pongo el bombín: es Sabina. Sí es ella, el célebre personaje de La Insoportable levedad del ser, poca cosa, más bien delgada, nada de acuerdo con eso están sus pechos; rostro redondeado pero muy fino, como su nariz, en esta tiene un aro. Ojos profundos, oscuros; sugerentes, ojeras que la delatan como gata nocturna. Pelo corto, moreno, muy a la moda. No anda desnuda sobre un espejo como Sabina, y sin embargo es Sabina. No obstante para bien o para mal, yo no soy Tomás, yo soy el hombre que nunca estuvo allí, almenos en Abril.

Cuantas cosas el mes de Abril, desde su principio hasta su final, Abril es como muchas otras palabras el nombre de mujer, para mi Abril está a la misma altura que Alegría, Soledad y todos aquellos nombres propios en sentido estricto y figurado que llevan nombre de mujer. Pero ¿podría yo en sentido estricto insinuar que tengo que atribuirle a Abril nombre de mujer?

C. no tiene quien le escriba

Estimado C.,

sigo empecinado con esa novela. Siento decepcionarte pero es así, tenías razón cuando me decías aquello que me tomo mi vida como si fuera una de ellas, la mejor que jamás pudieras leer te solía decir. Y sin embargo aquí sigo, avanzando página a página, capítulo a capítulo. Estoy preparando uno grande ¿sabes? Uno de esos con cambio en la trama, con la aparición repentina de nuevos personajes, con la resolución de viejas intrigas. Pero no te creas que con este voy a darla por concluida. Dicho capítulo lo tengo todo en la mente, lo he visualizado, tan sólo me falta redactarlo, hay… todo hay que decirlo, un grave problema: Es muy difícil para mi (y a la vez tan fácil) escoger las palabras que tengo que poner en la boca de ella.

Tenías razón cuando decías aquello que debo dormir más, me pesan los pensamientos; volvías a tener razón cuando me decías que no compartiera piso, que mi personalidad me llevaría a cometer estupideces que obviamente he acabado cometiendo…maldito amargado de la vida ¿por dónde iba?

Escoger las palabras… las palabras que debo poner en tu boca para este juego de sombras. “Nuestro amor es como el amor que sentían los habitantes de la caverna de Platón por las sombras del mundo que se proyectaban en las paredes de la cueva. Un simulacro a distancia”. Recuerdo la novela homónima de Saramago, por ella se ganó mi respeto. Qué fantástica pincelada final. Joder C. es como sí yo pudiera titular a mi novela; El Amor de A. por Z. y conseguir que los imbéciles de los lectores (recuerda quien se repite toma por imbéciles a quienes les escuchan y ya me dirás tu si no hay nada más repetido y hecho variación que las historias de amor, estamos rodeados de ellas) se sorprendieran al final del libro del amor de A. por Z. Pero desvarío. ¿Crees que tengo algo que envidiar de Saramago, algo que hacer con Platón?

Poniendo esas palabras en su boca le proporciono a A. demasiadas reflexiones que no le pertenecen. Eso es lo peor de nosotros los que escribimos C., condenarnos a construir la psicología de nuestros personajes, a darles vida, a hacerlos crecer por entre las páginas. Seguramente estos personajes no serán en esencia originales, seguramente serán variaciones de otros de cuyo rostro no nos queremos acordar, luego te enamoras de ellas, y sólo cuando recuerdas sus rostros te das cuenta de que estás un poco más apartado de este mundo. Que no es bueno enamorarse de sí mismo. Está bien eso de hacerse el amor, sí, pero ¡hay que vigilar de no enamorarse!

Caray, podrías dignarte a volver C., deja ya ese sitio en el que te escondes y ven que saldremos, ven que beberemos, ven que imaginaremos y si eso quizá algún dia, dormiremos. Y hasta ese día te aseguro que no sabrás como termina ese capítulo, y menos aún cómo sonarán las tapas duras de la novela al cerrarla en la úlimta página. Pero qué más da eso, tu lo solucionarías rápido: “Todos los finales son el mismo repetido”. ¡No dejes que se borre tu camino de vuelta amigo!

Atentamente,

M.

El Rostro bajo el Sombrero

Temprano, en una mañana, me levanté, y para matar el tiempo cogí el rifle de Jeff. Me lo colgué en la espalda y me subí a una colina. Este jodido Sol ya cegaba, ya mordía, no pasaba ni una comadreja, maldito sol, escondí mi rostro bajo el sombrero. Vi a un jinete solitario a lo lejos, levantando polvo entre el calor del aire, allí abajo en la llanura. Me arrodillé. Respaldé el rifle en mi hombro. Le apunté. Quería prácticar mi puntería. El rifle se deslizó de mi hombro, se disparó. El caballo siguió cabalgando y el jinete no. El jinete había muerto… y mi rostro bajo el sombrero. Con el rifle en la espalda, me levanté y corrí, corrí. Intentando despertar del sueño. Se cayó el rifle. Seguí corriendo hacia las tierras del sur. Allí fue dónde me encontraron, con el rostro bajo el sombrero. Me había despertado del sueño. “¿Hijo porqué lo has hecho?¿Porqué has corrido?”me dijo el Sheriff. Luego fui consciente de lo que había hecho… y mi rostro bajo el sombrero. Todo sin ninguno sentido. Puntería, mi rostro bajo el sombrero. Toda la ciudad estaba en el juicio. “Explicale al jurado que te pasó por la cabeza”, preguntarón al jurado que veredicto tenían. “Sentí el poder de la muerte sobre la vida. He orfanado sus niños, enviudado su mujer. Espero que me perdonen, ojalá estuviera muero” Y mi rostro bajo el sombrero. Bajo el sombrero. Bajo el sombrero…

Temprano en una mañana, para matar el tiempo, ensillé mi caballo. Les vi en la colina. Me acerqué a ella, y la justicia hizo lo que tenía que hacer. Ví entonces en la llanura un jinete solitario levantando polvo, monté el mío, rezé una plegaria y me fui con él a la tierra prometida.



SLEEP WELL, MY BABY...

Ella tenía razón; M. escribe. Llovía pero yo no llevaba paraguas, la llamé, “tuc,silencio,tuc”, colgó. Eso fue el día después. El día después de llamarla y oír su silencio, de que me traspasaran sus suspiros, su llanto filtrado por una línea telefónica, y entonces volvió a sonar “tuc,tuc,tuc”, colgó. Pero eso fue el día después.

El día después de que me describiera su decepción, nuestro error; un error común, los que comete todo el mundo y todo el mundo conoce, el nuestro se había materializado de una forma muy distinta; La peluca rosa había dejado de tener sentido, la lencería negra era ridícula, los números ya no nos hablaban y las velas sólo me hacían ver que todo se consume y que ante todo con el tiempo todo pierde su forma, pero eso fue la semana después.

La semana de antes, todo era una profunda renovación, renovación de ilusiones, intenciones, una reconstrucción de nosotros mismos; ella me sorprendería y yo haría algo que llevaba sin tiempo; agradecérselo, mi cinismo no tenía ya límites. Pero todo eso fue un año después. Un año, una semana y un día antes para ser exactos ocurrió; rasgué el telón. Dejé de ser su amigo, me convertí en cómplice de su desnudez y viceversa, me convertí en testigo de su misterio y viceversa. Dicen que cuando hacemos el amor por primera vez con una persona todo cambia, se descubren inmensidad de cosas que nos invaden sensorialmente que desconocíamos de la persona con la que nos acostamos, que nuestra relación con ella da una vuelta de calidoscopio y en ese tránsito giratorio, ese desenfreno de colores y formas, ese orgasmo geométrico nos presenta a su término un retrato totalmente distinto de la persona en sí, como si tuviéramos una foto de van Gogh y pudiéramos sustituirla por su célebre autorretrato.

La pregunta es la siguiente: ¿Qué es lo que viene antes? ¿Qué es lo que viene después? Pasamos del detalle fotográfico al libre trazo impresionista o acaso pasamos de la superficial instantánea al mundo interior de cada pincelada. ¿Qué diferenció ese primer acto de amor de los demás? ¿Cuántas vueltas dio el calidoscopio para llegar al mismo sitio? Recuerdo que esa noche le susurré al oído “Sleep well my baby”. Ahora antes de acostarme, cuando me enfrento a mi nueva situación, porqué siempre tendré que diferenciarla de una vieja, pienso en esa frase para mis adentros. Algunas semanas antes, es decir unos trece meses antes yo andaba por la calle, me detuvieron, me hablaron en perfecto ingles, y me robaron el sueño.

Y en sueños digo “I’ll be back one day” .

La Fábula del Titán del traje gris


Ocurre que en la vida a veces no todo es ir, a veces es venir y otras volver. Esta que cuento es la bonita historia de alguien que vuelve. Dicen que tiempo ha, en tiempos de politeísmo, cuando muchos Dioses aguardaban de un mundo chico y virgen, los titanes vagaban por la tierra. Titanes “los que llevan máscaras blancas”. ¿Cómo ocurrió eso?

En 1791 el clérigo inglés W. Mc Gregor descubrió en la ilmenita de la arena negra de Cornualles el óxido de un nuevo metal; tres años después, el alemán K.H. Klaproth lo descubrió en el rutilo (TiO2) y lo denominó Titanio por el color del óxido (de títanos, tierra blanca)

Los Titanes, eran seres poderosos, hubo un tiempo en que dominaron el viejo mundo (y si no fue así entonces querido lector te equivocas de historia). Se hicieron muy ambiciosos y decidieron declararles la guerra a los Dioses, por ello secuestraron al hijo de Saturno; más tarde se avergonzaron y tan grande fue la vergüenza que se pusieron unas máscaras blancas que les dieron a merecer sus nombres.

El interés por este nuevo metal se interrumpió hasta el 1910, en el que M. Hunter buscando metales para filamentos de lámpara, obtuvo Ti por reducción por Na del Cl4Ti. Es en el año 1925 cuando A.E. Van Arkel obtiene Ti de alta pureza por disociación del yoduro (ese es el método que hoy en día se utiliza para purificarlo). En 1940 W. Kroll publica el procedimiento industrial actual de obtención por reducción por Mg del Cl4Ti.

Su naturaleza ambiciosa les llevó a una hazaña aún mayor; planificaron la invasión del Reino de los Cielos, del Olimpo, los Titanes se habían propuesto la más alta de las proezas.

En cuanto a la existencia de este material en la Tierra, se puede decir que es del 0.9% de la corteza terrestre; lo que significa que es el noveno elemento y el cuarto metal más abundante; de hecho está presente en la mayoría de los minerales, sustituyendo al Si en muchos silicatos, aunque se le parecía tanto que su presencia pasó inadvertida durante muchos años. El problema más importante de este metal es que su extracción no es económica.

Fracasaron en su nueva gesta y como castigo ahora sí impuesto por los dioses, se les renegó a las profundidades de la tierra, y fueron encerrados en el centro de la Tierra.

La aparición del Ti sirvió en un principio para sustituir al Al en las estructuras y chapas de los aviones militares de alta velocidad. Ya en 1952 comenzó a utilizarse en aviones civiles (motores de reacción y estructura) y en el empleo aeroespacial.

Uno de los cohetes pioneros de la NASA no en vano se llamaba Titan. No porqué fuera de Titanio, que no lo era. La gloria estaba reservada a Saturno, y gracias a él el hombre llegó a la Tierra. El mismo hombre que le rescataría de su encierro bajo tierra, lo sacaría a la superficie y con su ayuda, facilitaría al fín a los Titanes la conquista de los cielos.

Todavía hoy el 80% del uso del Ti es aeroespacial.

La Verdad en el Espejo

Recuerdo con cariño una escena de cierta película, de cierto director, Annie Hall, Woody Allen, al principio del film después de que éste nos informe de la rotura con su pareja, empieza el relato de su juventud y todo lo relevante que le ha sucedido y le ha definido como es y no de otro modo. En esas que Woody nos cuenta que ya de pequeño le atraían mujeres de naturaleza extraña, por ello al ver el clásico de Disney, Blancanieves y los Siete Enanitos, él no se veía atraído por Blancanieves, sinó por la madura y malvada Madrastra de la susodicha. Sí, la misma que buscaba la verdad que ella quería en el espejo: "Mirror mirror in the wall who is the beautiest of them all?".

Cuando una persona le recomienda un libro a M. es aún receloso en eso de leerlo, si acaso mide el grado de confianza que le merece tal persona, sospesa sus gustos, las conversaciones que tiene con ella, por supuesto la naturaleza misma de la persona tiene mucho que decir en cuanto a si valdrá o no para él dicha lectura. La cosa cambia si son dos las personas que en un paso muy corto de tiempo le recomiendan el mismo libro, fenómeno extraordinario pero la mar de casual. Muy distinto empieza a ser ya cuando ese número de personas aumenta a un total de tres. En ese caso no hay duda, M. corre, corre, corre, busca, busca, busca, compra, compra, compra, lee, lee y lee. El tres es un gran número.

Ocurrió cierto día en que en un lapso de veinticuatro horas tres personas reconocieron en el rostro de M. ciertos tonos grisáceos, en su andar, en su hablar. Le veían leyendo las manchas de sus zapatillas al andar. M. se veía inmerso en una incercia destructiva que le llevaban a una tristeza y depresión sin precedentes recordables en su persona. Indagaba e indagaba, buscaba una razón por la cual se producía en él tal estado de ánimo, no valía recurrir en tópicos ni ignonimias varias. La verdad sobre el todo se presentó solita en un grasiento garito donde se sirven pizzas, conversando con B. ésta le mostró quien entraba por la puerta: ¿Se estaba M. creando problemas? ¿Estaba harto de ser exitoso? ¿Quería acaparar más atención? ¿Había caido en la trampa de la forma de vida de nuestra depresiva sociedad? M. salió corriendo, corriendo y corriendo, entró en el baño y se puso delante de ella, de la verdad, verdad y verdad. "Espejo, espejo en la pared....". Verdades como espejos.

Tal dia como hoy

Soy malo en general con los números, en eso de recordar números, especialmente cuando hablamos de fechas, en concreto a lo que se refiere a aniversarios, me acuerdo del mío y del de algunos semejantes. Sin embargo hay un día que tengo grabado con fuego en mi memória, el 25 de marzo, día en el que cae el imperio de Mordor de Sauron y el Anillo Único es destruido, asimismo, empieza la Cuarta Edad, la Edad del Hombre.

Dicen por ahí que de vez en cuando aparecen libros que marcan un antes y un después en nuestras vidas novelísticas, (Kundera me ha enseñado a no decir literarias), sin duda alguna en mi caso el primer antes y después fue marcado por la obra de Tolkien. Los que vivieron conmigo esa etapa lo recuerdarán seguramente. De todas las cosas absurdas y graciosas hay una a la que recuerdo con especial cariño. Tenía yo un punto de libro del SDLA, era azul y en él se veía a Frodo, por aquél entonces yo me estaba leyendo el Silmarillion y no paraba de ver una y otra vez el trailer de la película de Las Dos Torres que se avecinaba, me lo compré en Toronto. Este punto de libro llevaba atado con un cordillo un anillo único, lo desaté, me compré una cadena y me lo até al cuello; siempre tuve complejo de Hobbit: pies grandes, estatura baja, vivo en "la comarca" y cuando juego con mis amigos al Monopoly edición SDLA me pido a Frodo. Así que pase a ser conocido como Frodo, por supuesto. El hecho es que llevé este anillo largo tiempo hasta que un dia hice una apuesta con un amigo, si conseguía los amores correspondidos de cierta muchacha, me subiría un dia al atardecer a mi amado monte del "castillo de tona" y desde cierta piedra que a modo de altar a lo Rey León sobresale del monte tiraría el anillo todo escuchando la banda sonora de LCDA. Tal dicho tal hecho. Me subí, en soledad y en soledad arrojé el anillo a mis metafóricos fuegos. Dejé por ese entonces de ser Frodo.

Y debo confesar que hoy en día vivo ya plenamente en la Cuarta Edad. Esos cuentos de Hobbits, Enanos y Elfos han cerrado ya sus ojos. Es hora de que los vean otros.

La edad lírica

Cito, seguramente por última vez textualmente a Kundera:
"Hay, pues, un arte, en este caso la música, que es más lírico que la propia poesía lírica (...) lirismo designa cierta manera de ser (...) el poeta lírico es sólo la más ejemplar encarnación de hombre deslumbrado por su propia alma y por el deseo que sea escuchada.

Desde hace tiempo, la juventud es para mí la edad lírica, o sea la edad en la que el individuo, concentrado casi exclusivamente en si mismo, es incapaz de ver, comprender, enjuiciar lúcidamente el mundo a su alrededor. Si partimos de esta hipótesis (...), el paso de la inmadurez a la madurez es la superación de la actitud lírica (...) el novelista nace sobre las ruinas de su mundo lírico"

El hombre del traje gris, que pronto debe sacarse un sucio calendario y ver que llega el mes de abril, ha madurado. Terminó ya para él la edad lírica. Los poetas han muerto y han nacido los novelistas. Ahora que ya perdió el tren, el hombre del traje gris ve claramente los colores del mundo, ¿cómo? ¿No han oído hablar de la luz al final del tunel? Pues eso, el tren partió (sin él, con otros) y el túnel está despejado. El mundo ya no sólo tiene tonalidades grises sinó que es de colores. Otra forma de ver el mito de la caverna; si ves las sombras es que hay luz.

Oh querido lector, cuantas preguntas, ¿verdad? ¿Quién es el hombre del traje gris? ¿Realmente antes no veía colores? ¿Hácia dónde irá? demasiadas preguntas. Podría yo contarte las historias de sus amores o hacer que se topase con alguna muchacha, con algun rufián y encomendarlo a interminables y emocionantes aventuras. Podría. Pero no, el hombre del traje gris, se detiene, observa el mundo con sus colores, no en vano es primavera, ¿se maravilla? ¿se decepciona? Déjemos eso para él, sólo diré una cosa, él no lo escogió, y no debemos olvidarnos que uno no pierde trenes por voluntad.

Pinturas Oníricas

Llora el alma cuando no escribo. No sé exactamente qué sucede siquiera son mías las palabras que dan comienzo a este post, son de una canción, como no. Sigue así: "aprieta pero no ahogues, hazme sentir tu castigo". Habla de las musas en concreto, "ven y haz lo que quieras conmigo". Me pregunto ¿Para quién escribo?

Así os lo espeto, es que quizá sea por eso, es que quizá sea por eso este silencio, un dia lo comentaba con JorJ: "escribimos para ellas". Podría ser, siempre he sido partidario de tener alguien a quién escribir, por ello nunca he creído en los diaríos, uno tendría en principio el objeto de que lo leyera uno mismo al tiempo, en su defecto que alguien por definir, digamoslo así, alguien improbable, los leyerá. Ambos supuestos me parecen absurdos, en primer lugar, cuando uno escribe, difícil es que le guste lo que escribió al tiempo, más bien al contrario. Por otra parte no se puede escribir a quien no existe, almenos no de forma correcta y deliciosa. Pero oh, me olvidaba del porqué de todo, uno se escribe en cualquier caso, para sí mismo. ¿Acaso no es así?


Esto es más o menos como lo que sucedió cierto día a M. en el cine, al terminar de ver los trailers de las películas venideras fue consciente de que no vería nada mejor en toda la noche, sabía lo que le eseraba, y así fué. Lo que me viene pasando, ya no a M., desde el útlimo post es esto, veo los trailers de mi vida y me gustan más, les tengo más ganas que a la película que me toca vivir dia a día y en algunos meses vista. Y eso es muy triste, sobretodo cuando uno ha pagado seis euros para ver la película. ¡Qué grande y caro es el cine! Y claro por supuesto así no se puede, supongo que en fondo lo que me sucede es lo que a mí personaje.


-¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy? ¿Se sabe acaso dónde se va?

-Vos venís de allí, vais hacia allá.

-¡Ya recuerdo! Tengo boleto para el tren expreso.

-¡Diantres! ¡Todos se lo habían advertido! C., J., E., ¡todos y cada uno de ellos se lo advirió!

-Pues bien, ¿qué sucede?

-El tren ha partido.


Querida, te echaba de menos.

La vida es puta ironía

Minuto 85 de partido, "el jugador" ausente durante el último més salta al campo de nuevo, recuperado de su lesión. A los cinco minutos se rompe; fin de la carrera deportiva del susodicho. Eso pasa por dos "leimotivs", en primer lugar porqué "a veces la vida es pura ironía", en segundo lugar porqué el jugador después de su grave lesión que le ha impedido jugar incluso desde la fecha en que tenía prevista su reincorporación (15 de febrero), ha salido al campo, lo ha dado todo y se ha roto. Eso es más o menos lo que le puede suceder a uno cuando hace tanto que no escribe: que le crujan los dedos y le caigan las uñas. Esto va a ser difícil.

Vivo una vorájine y doy fe de ello: fíjense en lo que he tardado de escribir. Fíjense en las cenizas a las que ha sido reducida tan primaria necesidad. Da miedo. Durante el último mes he sido testigo de como he dejado de ser inquisitivo con mi entorno, con lo que me rodea, con el devenir. Nada me estimulaba, nada me hacía llorar el alma cuando no escribía. Y justo tuvo que ser una sensación nueva, extraña, triste en un sitio como un aeropuerto dónde volví a ser testigo del milagro: algo vibraba en mi y me humedecía. LLoraba de nuevo el alma. Intento pensar en ese estímulo, intento recordarlo... ¿qué era? He barajado vario títulos para este post, todos muy parecidos a cuál más provocativo, pero ninguno más acertado que con el que finalmente lo he bautizado... "la vida es pura ironía", "la vida es puta y es ironía", "la vida es ironía, puta", "no seas irónica puta", no esa ya no, no me malinterpreten que decirle "puta" a alguien en catalán es cosa muy distinta que en castellano. Sigo sin acordarme de mi estímulo aeroportuario... ¡Por supuesto que me acuerdo! Hablemos de M.


A M. le había ocurrido una desgracia, y tenía prisa. Normalmente el ir con prisa se asocia libremente con el ocurrir de una desgracia y esta vez la cosa hiba en serio, y M. miraba al mundo, esta vez con otros ojos. No es que no le importaran el resto de las personas que cubrían centenares de abecedarios y que se sucedían en su frenético viaje hacia "una parte". No es que para él fueran obstáculos inhertes sin vidas, sin importancia, sin extensión de sus seres, pero así era. No es que le diera asco su actitud hipócrita y sus máscaras, pero así era. No es que quisiera escupir a la cara de los más chulos, de las más altivas, pero así era. No pudo ser y no debió ser. Qué rostro impenetrable el suyo, lleno de ángulos rectos, dureza de mandíbula, pero no pudo ser. Cuando M. había llegado a "una parte" hizo lo que tenía que hacer y al rato, se encontró con esa máxima, que la vida es pura ironía:


M: -¡Oh vaya S.! ¡Cuanto tiempo sin verle!

S: (Dubitativamente) -Mmmmm... oh vaya ¡No le reconocía! ¡Con ese pelo! ¡Con esas gafas! ¡Con esos brazos!

M: -Y sin embargo usted no ha cambiado nada (sigue siendo igual de simpático, gordito y calvito piensa)

S: -Debo confesarle que me parecía usted más atractivo antes. (S. siempre ha tenido mucha pluma) ¿Qué le trae por "una parte" a estas horas de la mañana?

M: -La vida; un abuelo mío, ha fallecido esta misma mañana

S: -Vaya lo siento, sin embargo acaba de nacer mi primer hijo.

M: -¡Felcidades!

S: - ¡No pudo ser!


"Una parte" donde la vida y la muerte hacen trueques y se juegan los duros al siete y medio. Que vigilen, no se les caigan las uñas de tanto rasgarse esas andrajosas vestiduras milenarias. Volví.