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CLIPART

La primera vez que ví un horizonte fue tal que así,











fue un gradiente predefinido de clipart. Sistema Operativo Windows. Programa Ofimático Word. Pero el antiguo. Estaba sentado en una silla y observaba. Atónito observaba los dedos de un Mayor deslizándose en un QWERTY de los que ahora -si fueran- serían amarillos. La otra mano en un aparato extraterrestre un neo-ratón. Yo siempre observaba y cuando el Mayor pintaba un título del texto para causar impresión en el profesorado yo veía ese gradiente predefinido y soñaba con tener un CD-ROM lector de  スペースハリアー

“El primer arcade en usar la teconología de 16 bits de SEGA “Super Scaler” que permitía el escalado de sprites tridimensional a un número alto de frames, permitiendo escalar tantos como 32.000 sprites y rellenar un paisaje móvil con ellos -e aquí la clave- con 32.000 colores moviéndose síncronamente en la pantalla.”

Así fue mi primera experiencia de horizonte mucho antes de probar los besos ASCII.


Colorario horizontal

Definición:  Observación divisoria de sprites escalados a un número alto de frames en un paisaje móvil con un gradiente predefinido de clipart de rojo a azul marino.

Propiedad: El horizonte sólo puede ser observado. Existe de la observación.

Propiedad: Es una observación que se aleja tanto como nosotros nos acercamos en él.

Propiedad: es un arco cuyo radio tiende a infinito con lo cerca que estamos del suelo. Se degenera a un círculo cuando subimos algún centenar de quilómetros y en el infinito en un punto, radio cero.

.

Ejemplo: El horizonte de la Luna es toda la Tierra,




Ejemplo: Simulación con Celestia1 considerando un ojo humano de estrecho de campo de visión.















El Horizonte no puede ser objeto de arte puesto que

“En la relectura del libro Ontología cyborg, de Teresa Aguilar García (Gedisa 2008), me fijé en una frase que se me había pasado por alto, “El body art y también el land art reivindican lo mismo: el cuerpo animal y el cuerpo territorial como lugares paras ser marcados”,  lo que indica que para estas prácticas el Cuerpo y la Naturaleza son algo netamente artificial.”2

no puede ser marcado.3






1 http://www.shatters.net/celestia/
2 cita de Agustín Fernández Mallo http://blogs.alfaguara.com/fernandezmallo/2011/12/29/cosas-y-momentos-de-2011
3 Pero puede ser carne de píxel de Agustín Fernández Mallo

Los pros y los contras de una ventana abierta


Vivir en complitud sería considerar el día de tu nacimiento y el de tu muerte. Cierta abstracción no es posible. Sería -probablemente- algo muy parecido a verte desde el otro lado de una ventana abierta de un cuarto piso sin repisa. La gravedad de las dos situaciones comparadas lo impide: la gravedad de la muerte nos impide la consideración en complitud y la gravedad como ley física la contemplación de nuestro interior desde fuera. Por ello hemos aprendido a contar los años, a discretizar nuestra vida. Es imposible que tengamos un recuerdo continuo de ello, por ello discretizamos: cogemos puntos, de aquí y de allá e hilamos más fino cogiendo más de aquello que sucedió en momentos más interesantes o de momentos en aquello más interesante que sucedió -que no es exactamente lo mismo-.

Vivir entones de forma discreta es vivir en una constante elección, ¿cual es el pro? ¿cual es el contra? de cada situación me refiero. Podemos llegar a discretizar tanto nuestras vidas como para recordar todo el marco tanto físico como cronológico de una acción tan simple como la de atarnos un zapato una mañana cualquiera en la que corriste una cierta cantidad de aquél más de millar de quilómetros que llevas recorridos. Entre el quilómetro 12111 y el 12120. Un recuerdo tan vivo como el de la primera vez que por tu propio pié, te ataste el primer zapato.

Así que debemos debatir cual debe ser la resolución de nuestros recuerdos, el espectro de cada uno de ellos, y de cuantos puntos debe estar coformada la malla de nuestra vida, la suerte de tablero de ajedrez con decenas de reinas sin cabezas, un rey sin reino, peones encallados, torres caídas, caballos famélicos, pues así sería el paisaje al principio de esa mesa blanca y negra discreta de una suerte de ajedrez Hescheriano vital, y que sólo al avanzar hasta el horizonte de nuestro presente, llegaríamos al páramo del rey con reino, de la reina única y de la torre de marfil, de los corceles con barda y fardo y los alfiles vivos y traicioneros, los peones trabajadores que avanzan hacia un futuro de reglas estipuladas y jugadadas aprendidas, ése precisamente, ése, es el contra de una ventana abierta.

Podríamos preguntarle al peón que quiere ser reina, ¿cuánto valoras tu vida? Dirá que vive recorriendo un camino para ser otro, que él sí podrá vivir en complitud pensando en su primera jugada de la partida y en su muerte metamorfoseada y probablemente nos diga lo siguiente, que él disfrutó del camino, que él valoraba todo lo discreto que contenía cada segundo infinito de su vida y que vivir por vivir, encontremos una complitud entre cada minuto que nace y que muere: el pro de una ventana abierta.

Homo Bulla


Interfase entre dos medios, semitransparente, esfèrica, perfecta, milagroso equilibrio entre la presión del mundo exterior y la presión de un mundo interior, ayudada por la tensión interna que le permite prevalecer por sí misma. Multicolor, reflejantemente transparente, un poco hacia fuera, otro poco hacia dentro. Frágilmuy frágil, basta con la punta de cualquier cosa redundantemente punzante para terminar con ella. Así es la vida misma; como una burbuja.

Homo Bulla, el hombre es una burbuja, la vida es efímera, la vida es fràgil, delicada.

"¿qué provecho tiene toda la labor bajo el sol de un hombre bajo? ...No hay recuerdos para lo temprano ... y más allà, todo es vanidad y vejación del espíritu"

Humana vana, las cosas humanas son inutiles, las dos figuras en lo alto son dos filosofos griegos, Democrito y Heraclito, el primero siempre dibujado riendo y el segundo llorando: los dos por el mismo motivo, la futilidad de la humanidad. Apuntan la burbuja que tambien representa al mundo. Se trata del simbolo de la vanidad.

Instrumentos de musica que nos recuerdan la musica que se desvanece, las flores que nos recuerdan que un dia pereceran, la vida que un dia se terminara, el niño crecera, envejecera y perecerá también.

Vanitas, vanitum et omnia vanitas,
vanidad de vanidades, todo es vanidad

MalEntendido

¿Cúanto pesa una palabra? No, no voy a entrar en la fácil diálectica del peso y la ligereza, de eso que lo que es ligero pesa o viceversa. Las lenguas tienen algo de economía. (¿Quién soy yo para decirlo?). La gente quiere ahorrar con ellas; cómo locos destruyendo una estética que no nos conduceaningunaparteparaeconomizarellenguaje y ahorrarnos saliva que si no nos sobra nos falta.

Pero la economía linguística va más allá, más allá de la letra al quilo o parecido. Está incluso en terrenos financieros; las divisas. Del euro al dolar o al meravedín que se yo. La cuestión es que hay palabras que son más caras en ciertos idiomas.

T'estimo, te quiero vamos. Son palabras muy caras, de esas que las hay que buscar con un cerdo entrenado entre las hojas hotoñales de un bosque de horquídeas o rosas. Son palabras que pocas veces nos atrevimos a pronunciar, y si no es así, en fín, entonces es que bebemos agua de dos pozos muy distintos. Sin embargo esas mismas palabras cuando les cambiamos el idioma se abaratan considerablemente, todos dicen I love you y que le vamos a decir a la hampa; qué de fácil es decir je t'aime en la cité del amour. Y sin embargo no me lo hagas decir en mi lengua, en mis lenguas, por mi lengua, aunque sea para la tuya en la tuya o viceversa. Parece cómo si guardara esas palabras en el corazón de un acorazado, o en la coraza de un acorazonado.

¿Es que acaso son palabras de un sólo uso (usar-y-tirar), y ya las mal-gasté?


Quizá sean una contraseña. Quizá Caronte me espere en una orilla del río, presuroso de escuchar la contraseña de mis palabras, para cruzar el río Acheron, en la otra orilla del cuál me espera Ella, en mayúsculas, lo que no sé es si es para dirigirme al infierno o para volver de él. "La quiero", susurraré en el oído de Caronte, y entonces él, entre un mar de almas perdidas, amores, iras, uvas, sangre y semen, remará y me conducirá hastá encontrarme en la otra orilla, con ella, aquella a la que le salve la vida tantas noches, y le diré: "Soy ese, el que nunca te abandonará".


Santo y

seña.

Αρχή κατά τύχη και αιτιότητα

Jacques le Fataliste de Denis Diderot empieza rezando las siguientes palabras: “Comment s’étaient rencontrés? Par hasard, cómme tout le monde”. Que más o menos viene a contarnos como se conocieron los pintorescos Jacques, y su amo; por casualidad, como se conoce todo el mundo. Se trata entonces que realmente tenemos como muy aceptada: la casualidad. La hemos tomado como cualquier otra ordinariez (pues eso es lo que es) de nuestra vida. Una maravillosa ordinariez, ¿cuánto nos sucede por casualidad? Cuánto en nuestra vida sucede como en las malas novelas: una serie de eventos encadenados que nos hacen la vida más ligera, más risible, una serie de actos tan necesarios como extraño es que ocurran en el momento preciso en que los necesitamos, y sin embargo, ocurren. Andas por la calle pidiendo a gritos lo más inverosimil, lo más improbable y en la siguiente manzana lo encuentras pegado con celo en un árbol justo en el momento antes de que heche a volar.
Así pasa también con las personas. Y de hecho así es fundamentalmente en las personas. En principio, si lo desmenuzamos a nivel atòmico, todas las relaciones de nuestra vida, incluso la propia con nuestros progenitores, es fruto de la casualidad. No obstante con menos lupa y más miras, distinguimos un tipo amplificado de casualidad: la causal, la consecuente. Es entonces cuando tus progenitores no son ya casualidad, sinó que tu eres causa de ellos. De nuevo, lo mismo sucede con las personas. Hay amistades que se forman por causa: entramos en una comunidad nueva (escuela, universidad, vecindario, trabajo...) y no a priori, sinó con el tiempo, incluso años, acaban surgiendo relaciones personales del todo imprevisibles a priori, y sin embargo son tan naturales, tan consecuentes que son tan válidas como las forjadas a primeras de cambio.
Hay una canción (entre muchas entiendo) de Joan Manel Serrat que nos habla muy llana pero a la vez concisamente de las casualidades personales: “Es caprichoso el azar”. Todo lo que he escrito hasta ahora no es más que el preludio para homenajear la primera frase de la trascendente obra maestra de Diderot. Uno anda por la calle, y por la voluntad de hablarle a alguien, encuentra la pareja de su vida (no es el caso). Uno está en un concierto y balbucea algo, alguien se gira: otra amistad forjada y así, decenas, centenares, miles, millares de relaciones.