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Muerte, propagación exponencial y vida basada en el monóxido de carbono


Uno: ¡Adiós!
Otro: ¡Adiós!

Desconexión
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des (conexión)
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de(s  conexión  )
d(es   conexión   )
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                     des                                                                    conexión
                                                                                         Conexión
                                                                                           COnexión
                                                                                            CO-nexión  
                                                                                      CO         nex(o) (i´n)
                                                                                            CO-nex(o)
                                                                                             COnex(o
                                                                                               Conexo

                                                                                                    Otro: ¿Hola?
                                                                                                    Uno:   Hola

Infinitésimos

Recuerdo a la perfección el día que mi padre olvidó en su despacho una de aquellas lupas de bolsillo, del tamaño de un llavero, para ampliar un tejido o una fibra. Aquél día, sin aún saberlo, mi padre me cambió la vida.

Comprender que alrededor de tí y de mi hay un espacio infinito. 

Siempre me ha parecido que la estructura de los números Reales encierra en su conjunto una doble infinitud poética y que me arrastra -inevitablemente- a querer atravesar una pared cualquiera.

Supongo que en estos términos no hay mejor forma para comprender el mundo que cogiendo un trozo de tela cualquiera y verlo a través de una de esas lupas de bolsillo.

Entre el cero y el uno hay infinitos números, o lo que es lo mismo

Comprender que entre tú y yo hay un espacio infinito. 

entre el cero y el número más grande no sólo hay números sino que también están todas las direcciones y sentidos de esta vida.

Que todo está hecho de ceros y accidentalmente lo rellenamos con un orden aleatorio. Que algo a su vez es infinitamente pequeño, un infinitésimo; inifinitamente grande, un infinito. Que el tiempo y el espacio también juegan un papel derivado en este juego. Derivado de haberme encontrado contigo gracias a tu cierta posición en un determinado instante. Juntar todos éstos y aquellos conceptos y comprender que esos infinitos e infinitésimos se transforman en un baile imperceptible porque uno logra ver que las palabras cursivas se han logrado colar en otro espacio de este texto y en otro momento de tu lectura y que

estar contigo es
contraer el espacio y expandir el tiempo

Órbita 1973

En un día como otro cualquiera la NASA lanzará GRAIL, que nada tiene que ver con el grial (pues esa es la traducción del inglés) a no ser que pensemos que la luna es un cuerpo y que en su sangre se encuentra todo lo sublime licuado, sublimizado. GRAIL es una misión con dos naves espaciales cuasi-gemelas. Ambas estudiaran a fondo el campo gravitatorio de la Luna. En particular la humanidad -a través de una futura jerarquía de artículos científicos- conocerá cien veces mejor el campo gravitatorio de su cara clara -siempre me encuentro con problemas para encontrar un antónimo de oscura- y mil veces mejor el de su cara oscura.

A veces siento -porque es obligatoriamente un sentir- que el campo gravitatorio de la luna me atrae con más fuerza que el de la Tierra. Siento que en cualquier momento, en uno de sus particulares ascensos rectos en nuestra bóveda celeste -si se puede elegir que sea con luna llena-, montaré en raíles invisibles y me transferiré con máxima potencia a una orbita lunar, polar probablemente. Digo railes porque la única manera de asemejar el movimento de un cuerpo en el espacio es con el de un tren atravesando el horizonte. Confieso Luna que sin faltar a la verdad a veces te personifico y entonces montado en un autobús cualquiera de la Empresa Madrileña de Transportes te orbito a una distancia tal que en pericentro la tecnología de mi vista -tantos píxeles por espacio cuantificado- no me permite ver las huellas de un tal Amstrong en tu superfície selenítica. Las huellas de Amstrong y aquellas dos sondas y aquellas dos caras me hacen pensar en una dicotomía par ¿cuándo llego el hombre a la Luna?


  1. En Julio de 1969 cuando Neil Amstrong saltó del Beagle. 
  2. En Marzo de 1973 cuando Pink Floyd lanzó The Dark side of the Moon


Si GRAIL nos amplia 1000 veces el eco de ese vinilo la siguiente vez que esté en tu pericentro -sin duda se encuentra en la cara oculta de la Luna-, reconoceré en tu cuerpo todo el instinto de la humanidad, todas las locuras de la razón, todas las dudas de la verdad. Toda la amplitud de tu cuerpo resonante al estrellarse a la par esas dos sondas GRAIL, pues ese será su destino final, una mañana, tarde o noche -siempre dependerá de la longitud del punto desde que lo contemplemos- de enero de 2012. Estrellarse en tí y penetrar hasta dónde tus entrañas les revelen el contenido de tu núcleo, almacén de los secretos de tu atractivo gravitatorio, con la mala suerte que toda posibilidad de comunicación con Tierra habrá cesado y frías, silenciosas, rotas permanecerán como único producto de la humanidad conocedor de tales secretos. Hasta el día en que me levante de mi asiento en el autobús, tome el control, desafíe la mecánica celeste y te penetre.

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NO INGERIR 

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*** *** ***

Ascención de nosotros

Paseábamos juntos y te dije
                                                      mira ahí
un pájaro impactaba violentamente sus alas
contra el asfalto ardiente de una hora cenital
en la mitad de la carretera el azar le sorteaba
montado en automóbiles y motocicletas
y el azar actuaba sin intención entiendo

Paseábamos juntos y te dije
                                                     vayámonos
porque no había esperanza, si no podía levantar el vuelo
contra un asfalto ardiente de una hora cenital
no lo levantaría nunca y nadie se cercioraría
ni siquiera la rueda azarosa que le pasaría por encima
juntando su frágil y caliente cuerpo con el asfalto cenital

Paséabamos juntos y te dije
                                                    cuando volvamos,
                                                    ya quizás nada exista.

Amor Eterno


Venimos con nada y nos vamos sin nada. No perdemos nada. Bien. Durante el camino, sin embargo, nos hablan de algo largo y de cosas con peso. Cosas largas y cosas con peso. Se me ocurre que algo largo es la inmortalidad, la vida eterna, li imperecedero, lo eterno. Resultando que al final eso mismo es mentira, nos dicen que cosas como el Sol y la Tierra lo son. Cosa no tan difícil de comprender según se mire: siempre han estado ahí, siempre lo estarán, sin ellos no somos nada. Son eternos necesariamente.

También nos dicen que algunos escritores, algunos músicos, algunos generales, algunos filósofos, son eternos. Eso es más difícil de creer: entra en juego una eternidad muerta, intangible. Platón está en mi mente, en la de todos, en la de nadie más. Por experiencia sé que no podré vivir en la mente de otro, aunque estos otros sean muchos.

Y luego me dijeron que el amor eterno existe.

Hay otra medida de lo eterno: lo que nos sobrevive. Lo que vivido en vida va más allá de nosotros. Incluso existe otra medida de lo eterno, llevado a su máxima deformación en esta disquisición de bajo coste: la lejanía de la muerte. La juventud nos sentimos de forma inevitable inmortales. Entonces ¿porqué no debería existir el amor eterno?

Porque no nos puede sobrevivir. Ah, y por supuesto y porque son dos palabras que naturalmente se repelen: amor, eterno. No pueden estar juntas, negativo y negativo o viceversa, no hay forma: cuestión de magnetismo, precisamente. Sin embargo hace un tiempo me encontré con un soporte muy apropiado para la verdadera existencia del amor eterno: una fotografía. En un retrato puede esconderse verdadero amor circunstancial en el lugar y en el tiempo. Y mientras el retrato, como contingente de ese lugar y ese tiempo persista, el amor que congeló, que robó, permanecerá. Cuatro marcos que enjaulan algo caliente y gelatinoso que en nuestras manos sólo podría escurrirse entre los dedos.

El Pasado, la Caída, la Dulzura

¿Cuánto durará el pasado?


Tanto cuanto queramos recurrir a él supongo.

Tiene que estar directamente relacionado con esa sensación que siempre he tenido: en cualquier fotografía me veo mejor que en ese preciso momento. Mejor matizar; no es que me vea mejor, sino que me siento mejor. Lo de verse mejor conseguí llevarlo a un absurdo: si tengo en cuenta que esto me sucede en todas las fotografías podría decirse lo mismo si me hiciera ahora uno mismo. Supongo entonces que la deformación verdadera estará en la fotografía misma, en la retención del tiempo. No en el paso del tiempo.

Hacemos una analogía directa en nuestra vida. Los recuerdos. La memoria. La retención de unos hechos dinámicos en una neurona estática. Aquello que nos traen las olas del mar y se vuelven a llevar. Todo aquello es como una fotografía. Sí, de aquellas en las que nos vemos mejor. Parece lógico pensar aquello de cualquier tiempo pasado fue mejor. Por algo es un aquello de.

¿No les ha pasado nunca que de repente venga el pasado y sin que nadie le haya preguntado irrumpa en la conversación con un puñetazo en la mesa? A mi sí. Siguiendo el símil de las olas de la memoria, estaríamos hablando de un tsunami en toda regla. Y no me estoy refiriendo a que de forma inconsciente la sombra del fantasma de la navidad pasada nos robe la nochevieja. No. Me refiero a que el pasado se personifique delante de nosotros, y aunque sea durante un breve lapso de tiempo (por ello no dejará de ser importante), tome las riendas de nuestra vida y nos lance a la cuneta de la realidad.

A mí de repente vino el pasado y me arrojó por un acantilado.

Les contaré un secreto: la caída, fue muy dulce.

Su lenguaje silencioso

Soy incapaz de recordar su rostro, fijo mi mirada en un punto en la pared y con el reflejo de la luz muerta de la habitación intento dibujar su perfil, dibujar la gravedad de su mirada, respirar el volumen de sus mejillas. Pero no puedo. Como si fueran las palabras de una conversación que no se puede transcribir, el recuerdo de su rostro se me escapa.

En sueños sin embargo ella aparece, viene como si respondiera a mi llamada, viene como si quisiera mostrarme su rostro, viene como si supiera que a la mañana siguiente la pared siguiera blanca y ni rastro de su rostro. Viene como si supiera que en sueños distinguiría su rostro entre millones.

Y cómo no recuerdo su rostro, no puedo leer sus labios y escuchar ese lenguaje silencioso que me indicaba que dirección seguir. No tengo dirección que tomar. Me siento en la terraza, enciendo un cigarrillo y decepcionado veo como el humo sólo sube hacia arriba: ni pizca de una brisa que me señale una dirección. Pero detrás del humo distingo algo, es una flecha que se suspende en el aire. Me pongo las gafas. Una antena. Ahora que me fijo, hay mucho más que una, hay más de una por bloque, la ciudad está llena. Todas parecen marcar fíjamente una dirección. La dirección siempre ha estado aquí arriba en los tejados. Parece que todas me indican la misma. El humo del cigarrillo sigue alzándose como una columna vertical. Ya tengo una dirección. Ahora me falta saber a dónde lleva. Claro que siempre estoy a tiempo de comprobarlo cuando haya llegado.

Hoy me ha parecido distinguir su reflejo. Las gafas me han resbalado ligeramente en la nariz y a pocos centímetros de mis ojos ha aparecido un ojo y unas pestañas reflejados en la lente. Y sí no hay ninguna duda. Era el ojo de ella.

Claro que ahora tengo que encontar la relación entre las antenas y el reflejo. Aunque no creo que al marcharse, me dejara todas aquellas señales en todos los tejados de la ciudad, ni que empolvase con unos gramos de mirada uno de los cristales. Quizá al soplar el viento en aquella dirección me llegue el eco sordo de su lenguaje silencioso. Quién sabe. Yo no lo sé.

This is the end beautiful fiend

Es noche cerrada, aunque más que cerrada la noche parece aplastada, apalastada contra el suelo, aplastada sobre la gente y condensada en forma de sudor en la piel de todas las personas. Es un calor oscuro, negro, seguro en su naturaleza pero lo que seguramente sea debido al conjuro de algún demonio se nos presenta como el calor convencional, es que las particulas solares buscan y rebuscan en nuestros poros durante los largos días de verano. El calor del que yo hablo es de otra naturaleza, es malvado y ataca durate la noche es; oscuridad condensada.

Bajo esta maldición, en una Madrid dormida puede parecer arriesgado escuchar a The Doors y llegar hasta The End. No sé si han escuchado nunca esta melodía; algo termina. Algo muere en alguna parte “This is the end, beautiful friend” pero ¿qué termina? “Everything that stands, the end”.

Todo lo que se mantiente en pié. Es verdad, ésta es una tierra desesperada, una oscuridad que emana de todas las espaldas. Nada se mantiene en pié. Y nada se levantará hasta que llegue la lluiva de verano.

Habrán notado al principio de este texto que faltaba una letra a una de las palabras, fiend. Bien, no es así. Dicha palabra existe en inglés y se refiere a una especie de ser ímpio, un demonio. El demonio que quiere terminar con nosotros, aplastados bajo el yugo de un sudor oscuro que viene del alma.

Sobre los días raros

Nunca estuve allí (más allá de mi piel).
Nunca volveré a tí (más allá de mi piel).
Nunca diré nunca (más allá de mi piel).

Las palabras se han podrido en algún lugar entre la yema de los dedos y la punta del corazón; tengo el antebrazo roído por todas aquellas historias que al vuelo no pudieron ser cazadas ni clavadas en un muro intangible con una aguja bien bien afilada; volver a escribir es cómo andar por un bosque a oscuras. Sin luna llena.

He dejado tanto sin contar por este camino; al andar muy rápido podía sentir cómo las palabras una a una se desprendían de mí y falseaban la llegada de un duro invierno, posándose sobre el suelo. He visto como uno a uno los espectadores de está proyección de luz oscura se levantaban y marchaban ofendidos hasta la puerta de salida. Necesito salidas. Emergentemente.

Sobre los días raros podría decir muchas cosas; si por ello encontrara las palabras. Poco a poco, antes de que llegue el frío, sudaré está tinta que enturbia mi sangre y satura mis venas. Poco a poco, haré que lo justo sea necesario y que lo injusto deje de pesar en la balanza.

Y por ello,

Haré que tus colores se vuelvan grises.
Haré que toda palabra sea última.
Haré que no vuelvan jamás días raros.

Y que jamás vuelva a decir nunca.

Señoras y señores, bienvenidos de nuevo a mi vida.

Otras Destinaciones

Otras destinaciones saber es sello emastado sobre postal previo relamido cuasinutricional de empalagoso ajuste y perversamente dulce gusta. Precedido por un simulacro de sentimiento escrito, una estampa-reflejo de una blleza ajenamente retrada para una lectora sin situación en el espacio y menos en el tiempo.

Es por ella que esos buzones se ponen rojos de la risa provocada al envasar nuestros recuerdos en una fina lamina que tardará lunas desfasadas a alcanzar el remitente, a nuestra suerte. Es por ello que a veces sencillamente resulte más eficiente mandar un pensamiento por ondas hertzianas. Un beso estromboscopiado. Un saludo binario.

Y sin embargo cuán de bonita es la lectura trazada sin picar, sin proyectar, contragrafiada entre los lexodromas de las manos indudadas de tinta, ríos azules oscuros (casi negros). Espacios horizontales q los que incostumbramos. Porque no es lo mismo dormir de pié que en estirado hacia el horizonte.

Hay versos que no caben en tanto espacio. Palabra que exceden los márgenes. Pero caray no hay otra forma de saber capturar ese aire de anticuado,

de siglo pasado.

Vacante


P
arado delante del papél, la tinta se extendía debajo del peso de su pluma, absorviendo la celulosa se hacía más y más pesada, un acaudalado río de palabras que jamás serían inteligibles.

Ha perdido el control. Se ha perdido.

No es capaz de matarle. Así es cómo quería terminar la historia. Un accidente. Del todo inocente. Muerto por la inocencia de una mirada perdida, de unos ojos que te miran para que te mires. Mirarse al interior mientras montas en bicicleta no es una buena idea. Y lo que debía pasarle es que un coche le arrollara. Lo que debía pasarle es que una niña sentada encima de un muro, fijara su vista en él, una mirada del todo inocente, del todo desintencionada, tan higiénica que él no podría apartar la suya de esos ojos infantiles, hasta desviarse a la mitad de la carretera y ser brutalmente arrollado.

Pero no siempre se le puede pedir prestado a la vida. Puesto que eso precisamente, óbviamente sin la parte en la que es arrollado, es lo que le había pasado a él esa misma tarde mientras volvía de la piscina. Cómo si él se hubiera convertido por un momento en el personaje de su ficción, inmediatamente después de fijar su vista a la de esa niña se había dado cuenta de lo peligroso era aquello y de lo fácil que era despistarse y sufrir las consecuencias.

Pero ha perdido el control. ¿Qué puede hacer?

Hoy ha vuelto a ver a la niña, de nuevo sentada en ese muro, de nuevo en la misma postura, de nuevo la misma mirada. De nuevo la misma muerte de ficción. Esta vez se ha arriesgado más fijando durante más instantes, su mirada en la de ella. Crash.

Y ahora he perdido el control. Encontrarse,

delante de un papél, las teclas se repiten debajo el peso de mi índice, la pantalla se hace más y más pesada, un acaudalado río de palabras que jamás serán inteligibles.

Tortuga que mira Reflejo

Revista que mira Turista, Turista que mira Carrito, Carrito que mira Cabina, Cabina que mira Piloto, Piloto que mira Tormenta, Tormenta que mira Nube, Nube que mira Gota, Gota que mira Paraguas, Paraguas que mira Farola, Farola que mira Ventana que mira Persiana, Persiana que mira Antena, Antena que mira Paloma, Palmoa que vuela.

Vuelo que llega a Fulana, Fulana que espanta a Paloma, Mengana que mira Naranja, Naranja que mira a Libro, Libro que mira a Tapa, Tapa que mira a Foto, Foto que es cubierta por Mano, Mano que es Articulada, Articulada que es Cañita, Cañita que mira hielito, hielito que mira refresco, refresco que mira Cigarrillo, Cigarrillo que mira Reloj, Reloj que mira Gafas, Gafas que vuelven a Casa, Casa que mira a Umbral, Umbral que mira Zapatilla.

Zapatilla que sube escalera, y mira Puerta, Puerta que mira Pecera, Pecera que mira Tortuga, Tortuga que se relfeja en Ventana, Ventana que refleja lector, lector que se duerme sobre teclado, teclas que miran pantalla, pantalla que muestra lecturas, lecturas que en sueños resuenan.

Tensión Líquida


Hola
, ¿hay alguien ahí dentro?

Fundamentalmente atrapado, atrapado de fundamento. Conservado en formol, formalmente en conserva. Encefalograma plano, planície encefálica. Mirada desenfocada, focalizado sin miramentos. Tan sólo capaz de buscar la coherencia entre tecla-y-tecla, buscando el enlace-significado para argumentar a lo largo de los puntos. las comas, que no todo está perdido. Que nunca se ha ganado nada y que si juego hubiere, las reglas son claras:


al final vas y te mueres.

Adiós,
no hay nadie ahí fuera.

Deus ex machina

Se dice de cuando el ambiente es cálido, la noche entrada. Se dice de cuando el cielo está nublado, el aire en calma. Se dice de la calma antes de la tormenta. Se dice de alguien que escribe, por hacerle pesar en el papél un conjunto de palabras importantes, ordenadas para producir un efecto no trivial sobre un lector especial. Se dice de quién mira por esa ventana que descarga en el mundo, de unas luces que parpadeántes una tras otra cada vez más ¡incesantes! pueblan el horizonte. Se dice de cómo se ioniza el aire, de cómo a modo de giro en el guión meteorológico una corriente. Se dice de cómo sacude el mundo interior abierto a través de cualquier ventana. Acariciando atrapasueños imaginarios tintineantes. Se dice que la tormenta se acerca, se dice de la lluvia que cae, toc-toqueando, llamando ahora tímida otrora atrevida a través de la ventana, del tejado, de las paredes, se dice sin gritar como sacude los árboles, cómo remoja el viento, cómo se ilumina pasmósicamente la noche, cómo se hace obvio el secreto de la oscuridad: que no existe cómo tal sinó como ausencia de dicese luz. Se dice de la mano que sacude las hojas que a modo de velas bailan errantes entre meteoros acuosos, se dice del caos climático, de la corrida en la cara de la naturaleza. Se dice de la tormenta, aquella de la que

se dice de cuando un elemento ajeno resuelve la situación. Deus ex machina.


El Reflejo de la Prisión de Cristal

Tercer Movimiento

¿Estás justificado? ¿Estás justificando? ¿Te estás justificando? ¿Justificando? Justificando que cuando oígo una llave girarse en un pestillo. Que cuando veo una llave girarse en un pestillo. Que cuando giro la mano y llevo en ella una llave en un pestillo. Que cuando cierro una puerta nunca sabré si en alguno de los dos lados no estoy encerrado. Si tiene sentido salir de la prisión de cristal cuando la relación de volumenes puede ser inversa; pesar más el aire que el agua. El Horizonte es una discontinuidad a la vista y por ello no deja de ser bello. Pero estás fuera. Y veo una luz blanca que brillaba antes de que yo estuviera allí; una visión que promete salvación.

cuarto movimiento

Pero no. Porque no hay historias que se cuenten sin que el mal devenir se apodere de ellas, sólo la desgracia la contra-fortuna tiene el poder de la narración. Sin que esa luz blanca que brillaba antes de que nosotros escribiéramos sobre ella desapareza. Decepcionantes obsesiones, a veces no parecen más que un juego de niños. No parecéis más que un juego de niños. Si sigo así te destruiré.

Quiero sentir tu cuerpo temblar.

Quiero sentir tu cuerpo agitarse.

Quiero sentir tu cuerpo rompiéndose.


Una oportunidad para arreglar esta pluma que muere.

quinto movimiento y Último


Cuándo escribo sólo lo hago por una cosa,

que lo tomes todo de mí,
los deseos que queman muy adentro
que lo saques todo de mí,
el orgullo para ser arrogante,
que lo sanes todo en mí,
el todo para querer sólo una parte.

Sentir mi cuerpo temblar,

sentir mi cuerpo agitarse,

sentir mi cuerpo romperse.

La posición es corbada, encima de mismo. Uno. Dos. Tres. Si esto fuera un piano, me saldrían sonatas contemporáneas. Es un jodido teclado. Y la ese, esa maldita tecla está gastada; se acabaron los plurales. Estoy sólo.

polígonos Estrellados

Pared con techo estrellado, cal-car-com-ida, blanca. Lisa. Seca. Apoyo mis manos ¿Quién anda en el otro lado? Toc, toc. Clac, clac. Gemidos.

Techo con pared poligonal, mar-mol-mol-ido, negra. Lisa. Seca. Apoyo mis piés ¿Quién palpa en el otro lado? coT, cot. calC, calc. sodimeG.

Uno en un lado, el otro en el el otro, así estamos; sin entendernos, sin comunicarnos. Sabiendo lo que somos y lo que significamos y sin embargo... Y sin embargo. ¿Sabes cuánto te necesito? Te lo pregunto porqué ni yo lo sé. Es como itentar explicar qué es el universo, su infinidad se escapa de nuestra mente finita entre una pared convexa. Miro hacia el cielo y no sé porque será que no veo estrellas; el horizonte estará nublado ¿o quizá sean esas lágrimas que no quieren salir de mis ojos?

memorias (II) de una Escena


Aprovechadas o no, las oportunidades se suceden. Incasiablemente, una tras otra. El vivo recuerdo, no dista mucho del recuerdo muerto, o ese que nuncá fue y que sin embargo en un momento cualquiera pudiste llegar a hacer tan vivo. A veces uno sencillamente se deja atrapar por un sueño que lentamente se convierte en una pesadilla; un libro con las páginas tan vacías como la vida de uno mismo. Entonces hay que intervenir e intentar llenar esas páginas, porqué sinó se alcanza lo que nunca debería alcanzarse; la rutina condicionada.

La cuestión es, ¿Como puede uno pedir ser cuchillo y a la vez, que sangren por él? ¿Porqué sencillamente no nos dormimos cuando tenemos sueño? ¿Porqué sigue cantando el ruiseñor? Cuando todo el mundo lo sabe: ya no hay ruiseñores.

Al final somos esclavos de nuestros sueños