Eterno resplendor de una mente sin recuerdos

Extracto del Poema de Alexander Pope "Eloisa to Abelard", traducido del inglés

¡Qué feliz es la suerte de la Vestal sin tacha!
El mundo que la olvida, por el mundo olvidada.
¡Eterno resplandor de una mente inmaculada!

Cada plegaria aceptada, cada antojo resignado;

La tarea el descanso, te ocupan los mismos períodos;

"Sueños sumisos que pueden barrer y dejar estela;"

Anhelos construidos, afecciones que nunca fueron,
Lágrimas que delitaban, y suspiros que como olas llegaron al Cielo.
La gracia es su aura con serenos rayos,

Por y para ella florece la perenne rosa del Eden,
Y alas de serafines son despliegan perfumes divinos,
Para y por ella el Esposo prepara su alianza,

Por y para su blanco, virgen hymen cantan,

Al sonido de arpas celestiales ella se desvanece,

Y se derrite en visiones de un día eterno.

Verdades de un Conquistador

Lo que sigue es una traducción del inglés de un breve relato de un gran amigo, Kan, el "Konquistador", cuyo blog sigo religiosamente, podéis ver el original en el siguiente haciendo click aquí.

"¿Cuándo nos hicimos tan mayores?"

Me preguntó mi amigo, viendo la lucha mientras hechaba otro tiro al pitillo.

Yo también hechó otro tiro.

Es un pensamiento horripilante poder recordar "los viejos tiempos", cuando ni siquiera somos viejos, y cuando ni siquera fue hace demasiado. ¿De esto se trata la crisis del primer cuarto de vida?

No puedo disfrutar de las cosas que disfrutaba. No me puedo relajar sabiendo que en algún rincón de mi mente, siempre hay trabajo que hacer. La rutina de los engranajes de la programación y el cálculo debe ser sacudida. La máquinaria necesita que la lubriquen; sí. Si deja de funcionar se oxida. ¿Es el alcohol la solución? No. Ya no lo puede ser más. En la Universidad era el status quo. Fuera de ella es alcoholismo.

Cigarrillo, Sí. Patrones de humo en el aire. Ojalá toda la vida fuera así de abstracta: la habilidad de producir formas de la nada. no, pero la vida no son meros sueños. La vida es dura, calculadora, arenosa. Todo está basado en el empirismo, investigación construida sobre investigación. Eso es lo que es real. Como dijo Sagan
, "vivimos en una sociedad construida exclusivamente sobre la Ciencia y la Tecnología en la que casi nadie sabe nada de Ciencia y Tecnología". ¿Como tener éxito en mi campo? Conocer la Ciencia y la Tecnología. Fácil, la precisión de una máquina.

Pero nosotros no somos máquinas, ¿no es así? ¿Acaso somos dientes de sierra?Así es, nos enseñan a procesar como cajas de silicona. Pero, ¿cómo es posible que aún sienta emociones? ¿Porqué es eso de que necesito algo más visceral? ¿Es nuestra innata capacidad de amar una debilidad? A veces lo parece. Distracciones para nuestras verdaderas metas: miembros productivos de la sociedad. Gotas en el mar de la erudición. Ondulaciones en el oceano del progreso.

Estudiar, resolver, dormir, comer. Estudiar. Resolver. Dormir. Cada ola me lleva más cerca de una indiferencia de acero. Engranajes convirtiéndose en una expansión de tiempo infinita.


... I need to get some sleep.
¿La vida es un error?
¿Los errores son el motor de la vida?
¿Los errores son fruto de la experiencia?
¿La experiencia es un error?
¿El error es la experiencia?
La experiencia es el motor de la vida

Vigilia de una Noche de Invierno

De pequeño, solía quedarme callado ante la gente, escuchando, siempre escuchando, sólo observaba, sólo era ojo y oreja; pues tenía un gran miedo: que se me gastara la saliva. Así es. Temía que se me gastara el agua en la boca y tuviera que dejar de hablar para siempre, así que pensé que lo mejor era gastarsela para cuando había que decir cosas realmente importantes o de interés. Y crecí.

A veces pienso que te persigo, te persigo polifónicamente, policrómicamente, en todas las formas posibles, te persigo con cartas, con mensajes, con correos, con llamadas, llamando a tu puerta, con todos los recuersos no parapsicológicos con los que dispongo para llegar a tí. Y en el camino me voy dejando mis intenciones, mis formas, mis contenidos, al final me convierto en una especie de gato silverstre que sólo persigue y se ha olvidado de que tiene hambre.

Te persigo y si un dia llego a alcanzarte entonces me quedo mudo, no puedo pronunciar ni una sóla palabra y me acuerdo de mí de chiquillo, escuchando a mi madre;

"Hijo mío, haz todo de la forma más noble posible y termina todo, todo lo que empieces, no importa lo que sea; siéntate, contempla y aprende."

Tintas chinas

Cierra los ojos y frunce el ceño. Se inclina sobre el escritorio. Aprieta los puños. Cuando escribía, empuñaba su pluma y manchaba el papél, no dejaba ningún significado escrito, fuera de aquellos que sólo él podía encontrar en todo aquello. Para él, era com si tu estubieras allí detrás de él, respirándole por encima y le extendieras tu brazo, el te tomaba la mano, te la acariciaba (mientras el resto veríamos una pluma empuñada), cogía tu dedo índice, y apretaba tu uña, y una tinta de dudosa naturaleza, hablaba por él, esa boca era suya y las orejas que sentían todo tuyas. Y así funcionaban las cosas.

Escribi-(eron)-ó relatos cortos; hombres de traje gris, ensayaron modernos desamores, resolvieron ecuaciones humanas, tiraron líneas de poemas. Pero a fin de cuentas (oh retocijos de lenguaje); todo eso fue solamente en primera persona del singular. Nunca hubo un plural y

dejaron de funcionar. Noralmente bajo estas condiciones pueden acaescer dos eventos tremendamente diferenciados. Plumas secas; ya no hay recarga. Plumas perdidas; olvidadas en estatnerías imposibles.

Y entonces la hoja sólo ve un ceño fruncido que se muerde el labio (inferior), tuerce el gesto, y no escribe.

Recetas Incorrectas

Idea para una prescripción médica:

Vasos sin tazas, mundos sin M., Romanticidios sin amor, peldaños sin escaleras, brújulas sin norte.
Mi vida sin tí, tu vida sinmigo; migas sin pan.
Ojos con ojeras, cheques con firma, amor con espinas, teléfonos con coberturas, verdades sin mentiras.
Tu vida sin mí, mi vida sintigo; trigo sin siembra.
Ruidos y nueces, crèpes y gofres, palabras y loros, vanidades y bragas.
Mi vida contigo, tu vida conmigo; siembra sin riego.
Situaciones ante sitios, versos bajo sombras, tiempo cabe esperar, miel con flores.
Tu vida conmigo, mi vida contigo; riego sin agua.

Jamás sobre-virarás juntando dos im-posibles. Las curvas de la vida son cerradas y se muerden las cunetas.

EL DRAMÁTICO COLAPSO DEL HOMBRE DE PIEDRA, I

Idea para una novela: Hacía frío, uno estaba recogido dentro de su abrigo y con la bufanda cómo si le fueran a colgar, las manos en los bolsillos, como quien no tiene nada que decir, sentado en una silla de madera, en silencio. La iglesia era muy grande, con el techo alto, altísimo, una bóveda enorme de la que colgaba una espécie de plato de latón gigantesco con el rostro de la virgen; dantesco. Y él estaba allí, en la Saint-Mery, el 76 de la rue de la Verrie, en el prèmiere, cerca de Châtelet. Esta tarde anochecida de otoño tocaba Schubert, bien alguien tocaba por él, alguien muy bueno a suponer director-de-no-sé-qué-orquestra-buena-mucho-de-París, el Winterreise el concierto iba a empezar.

Algunas semanas antes había hablado con A., tantos años sin saber de ella, latiendóle algo parecido al amor debajo de sus entrañas, y por fin por insondables razones de la vida, por fín se encontrarían, después de tanto tiempo, tanta lluvia sobre seco y tanto sol sobre mojado. Se sentía como un cazador que hubiera embalsamado su caza más preciada sin haberla cazado él y que ahora quizá gracias a París había conseguido el poder de devolverle la vida, para poder volver a cazarla. Algo muy lejos de la realidad por así decirlo. Él estaba convencido de que A. era su mujer justa, su medio cítrico, su naranja-oscuro-casi-rojo, y París no haría otra cosa que demostrárselo con todas las letras, con toda la fonética.

Lo habían querido hacer bien des de el principio, siendo ambos los dos conscientes de a lo que se enfrentaban en realidad, eran como un grifo y una hidra que luchan sabiendo que son mitos. La consciencia última es que se querían, se lo tenían dicho, aunque lo que no sabían es que a lo que querían eran a dos imágenes retenidas durante años en sus cabezas: un par de bestias míticas embalsamadas. Así que decidieron que su primer encuentro sería en esa esquina cercana a Châtelet, no se habían visto antes de ese encuentro, puesto que no podía haber sido. A veces hay cosas en la vida de uno menos en la de otros, que te indican, como hacer las cosas, para qué no se corte el hilo que nos urde, que teje nuestras ropas, nuestros que-haceres, como-vivires. Pero por ordinaria que parezca, la vida a veces nos puede llevar a las personas a situaciones extraordinarias.


Versus Terminus


Hace unos días que no sé cuantos días hace. Que ando como quien anduvo sin saber hacia dónde andaba. Como si todo fuera verbo y me hubiera olvidado de conjugar. Primera conjugación, ¿segunda? Salir, Fingir, Urdir, no sacas nada bueno de la tercera. Levantarse por las mañanas con un "¿Porqué?" estampado en la frente. Facer y desfacer con desgana, como si la vida fuera una mina de carbón y lo otro cuando salgo de ella, para dejar el hollín de lado.

Últimamente estos pensares salen del vaivenir del metro, dónde tiempo haylo, entre estación y estación pasa "un momento", oficialmente contabilizado por los romanos (estando mis palabras excentas de cualquier tipo de mentira) como un minuto y medio, si llega. Pero espera que me voy: no sé hacia dónde ando, bueno saberlo de sa-pi-en-cia sí lo sé, pero a veces el porqué puede solo con el peso del qué y no hay preposición que valga.

Si esto sigue así tendré que comprar una bonita postal, escribir algo humilde y entregado y de re-mate, mandárselo a los reyes magos, a ver si así, me devuelven el saber hacia dónde, anduvimos, es decir pudimos ir y no fuimos. De ir (que es de la tercera), de ser (que es de la segunda) y de estar (que es de la primera). ¡Jodidos copulativos!

La vie est belle

Lo mejor un día de estos no me di cuenta y en el baño solté esa flor y la mierda y la eché a las cloacas. Será. Porqué sinó no me explico, también podría soltar algo así como La vie est élégante, si a eso a la jodida le queda bien, bien sujeto. Mejor no haber abierto los ojos, el maldito despertador, puesto a la mala hora, te levantás como sin querer evitarlo, y qué dolor de cabeza y qué dolor de estomago, sólo puedo hacer una cosa; amorrarme a la leche y tragar. Un día de esos en los que no funcionan las escaleras mecánicas y por un momento parece que uno vaya a verse lanzado por una noaceleración estropeada.

Always be a good boy, don't ever play with guns

Pero al final te levantas, recoges lo que escampaste ayer para dormir pronto, dentro de lo tardisimo que era. Y miro los pantalones y me encuentro una tarjeta doblada,

Ebhemere
Lautent
Dubois

La volví a doblar y la dejé sobre mi Austero scriptorium. Pero no recuerdo, mano al frente, invocamos al señor y... sigo sin recordar nada, ¡demonios! Cuanto tequila, demasiada cerveza triple, y yo sin perder la cabeza por adelantado, cuanta risa de ruiseñor. Mmmm sí, recuerdo que dejé el sitió y me lancé hacia Montparnasse, recuerdo que anduve mucho, sin cantar, cantando las quinientas, ¡me cambiaría de hemisferio! Y claro, la bicicelta, ella sin sillón-dirección-torcida-carente-de sus-pen-sión. Y que se sepa que etimologicamente, podría venir perfectamente de suspense, que es lo que crea la no-pensión. El ir para arriba y para abajo en una vélo velib. Sur le Seine, à travers de le pont de Bercy, Quai de la Gare, ¡velo veliv!, tunnel de Bercy ¡belib belo! Podría haber sido, per no, ya no hay hombres de hojalata. Y la aparque al llegar a Daumnesil, y a la mañana siguiente, con haber sans comido, de camino al Metropolitain Allín seguía, patéticamente apollada en el farol que la apollé. Y cogí el metro, vaya una escena.

Un cuadro; al otro lado del andén cuatro estatuas, de esas sin techo pero con escayola, se movieron en competa quietud; uno se rascó la testa, cuatro vagabundos que ni se movieron, ya lo hacían sus oscilantes olores por ellos, y eso es lo más normal que uno encuentra, viviendo un sinvivir, dá que pensar, ¿qué hacen? ¿se piensan? Sólo viven, sólo tienen el hoy, el muerto ayer y el moriré mañana. Son la superlatividad de la belleza de la vida; puesto que yo en su lugar me las corto, las azules y las rojas. Y mientras se acerca un tipo con mascarilla, que no coge tren, se sienta, y tose, ha pasado su boleto de metro para toser, toser alto y claro, redundante, cómo proclamando como todo idiota lo que ya todos sabemos

"¡El mundo está podrido!",

el pán de cada día, payo, en el día de hoy. Metro de París. Ya afuera acercándome hacia dónde iba me encuentro un malabarista, que para a los coches, y para su atención y lo veo claro, clarísimo: algún día tengo que hacer las américas latinas. Pero eso no es todo, al volver a mi hogar (el velib vélo sigue amarrado en la farola), me siento en mi escritorio, hurgó en mi bolsillo, como es normal, y saco una tarjeta doblada, no otra: la misma, comme il pot être? ¡Qué bien le queda al ser el sombrero! Claro, aquí todo el mundo es estilo con sombrero, de dónde os creeis sinó que viene lo de "chapeau!" Para decir que algo es redondo, mientras jactamos lo mismo con una mano. Más tarde lama Yves, tiempo de detener el tiempo, es la soirée de le vendredi mon amie.

Place Monge congrega a deliciosas crèpes che, deliciosas francesas de dientes separados y boinas rojas, locos de alquiler, la bièrre, l'antidote, la rivière, y además es cuesta arriba. Llego allí, y llamo al bueno de Yves, su teléfono muerto ergo yo también, deambulo la rue Descartes en una búsqueda imposible de mi compañía, en vano, los rostros empiezan a repetirse y crece en espiral mi verguenza por esperar en soledad. Me aguardo un minuto en la plaza, y entonces la veo a ella:
La mujer toda despeinada, enroscada en una chaqueta vieja, y unos zapatos dispares, un prejuicioso olor a prejuicio barato, de campaña. Eso desprenía. Llevaba una mano señalante, bien afilada, con la que vayvenía y parecía su centro, lo que la conducía, y hablaba, para ella misma, con cabreo, mirando al suelo y en voz alta, para que a sus alrededores se cerceriaran de su patetica presencia. Una y otra vez, va-y-viene, spinning around en la plaza. Locura, locura, ya es bien cierto que los niños vienen de París. De pronto buscando a Yves me ví haciendo lo mismo, de arriba para abajo, pasando por delante de las mismas incredulidades que pensaban que yo no era normal, supongo, nada más cercano a la realidad. Jodido Cortázar, porqué escribirá tan bien? Yo soy un capullo y el una mariposa, ¡si vos me entendés!

Total que no viene, que no le encuetro; de nuevo lo mismo que ayer: no hay metro, caminante no hay camino, dale que te pego, on y va! Pero allí está una bici de nuevo.

A la mañana siguiente velib belo sigue conmigo, chequeo mis pantalones y de nuevo sale del bolsillo la tarjeta, esta vez sin pedir permiso. Qué más da, mañana no es más que un futuro ayer aunque el paraguas se encuentre con la máquina de coser.

LA DETENCIÓN DEL PELIGROSO CRIMINAL POR EL ASTUTO DETECTIVE

Idea para una novela: Era una tarde qualquiera de un lunes cualquiera de un mes, en un año XX+5 cualquiera en una comisaría qualquiera de qualquier ciudad que se valga y que por favor, por el amor de la originalidad, no sea Manhattan. Allí era, entré en mi despacho, resacoso, sin remordimientos de no acercarme por la mañana; el comisario conocía muy bien mi modus operanti, dame tiempo, un poco de cognac y lo resuelvo todo, y así había sido de nuevo.

A. se apresuró a entrar a mi despacho, "Caray W. lo has hecho de nuevo, eres la admración del distrito, ¿lo sabes no? entonces anda cuentáme, ¿cómo te las has arreglado para atrapar a ese hijo de perra?". Era lo de siempre, siempre que cerraba un caso este maldito sabueso, este jodido colega mío entraba y con una sonrisa de oreja a oreja, encendía un cigarrillo mientras apoyaba su trasero en mi mesa, siempre arrugando algunos papeles de cierta relevancia (así era, jodida casualidad) y apoyando un pié encime a del sillón de mis visitas. Entonces yo le soltaba el rollo:

"El principio del caso fue como el de qualquier otro interesante: una serie de crimenes con rasgos comunes. En este caso se trataba de lo más salvaje que había visto en mi vida; tres corazones rotos en una semana. Joder, ¡maldito cabrón! ¿qué se les puede decir a las famílias? ¿cómo pueden sus amigos seguir con sus vidas? ¿cómo puede la gente seguir con ganas de vivir sin decir a cuatro vientos que este mundo está podrido? ¡A estos tíos debería juzgarselos en qualquier estado con pena de muerte! Siempre era lo mismo ¿sabes? la chica, puesto que eran todas jovenes, aparecían acurrucadas en sus alcobas, con litros de lágrimas salpicándoles todo su cuerpo, diós mío, estaban todas... tan pálidas... jamás había visto algo tan grotesco en mi vida. Pero cuando ya llevaba unos cuantos crímenes y le habíamos ascendido al nivel de criminal "en serie", entonces mi astucia nos permitió atraparlo antes de destrozar más vidas de esta podrida ciudad."

"Los hombres enamorados son los más peligrosos A., son los que cometen este tipo de crimenes, los que se meten en estos asuntos. No hay nada peor que un hombre enamorado y una lluviosa tarde de noviembre para tener una semana ajetreada en el trabajo A. Van por ahí, salen, se relacionan, muchos ni siquera saben del padecer de su terrible enfermedad, el amor, se lo contagió alguna muñeca que conocieron algun día socavado en su memoria, o joder, como diós quiera. Luego lo hacen A., lo hacen; conocen a otras mujeres, a otras chicas, ¿me entiendes? salen con ellas, se divierten con ellas, les tienden una magnífica trampa, conoces a ese poeta, si joder, a ese sudaca, al... Benedetti, ¿Marco? Si eso, Mario, joder, eres un tío culto A.,¡ jamás apostaría un pavo en tu contra en el Trivial! Tiene un poema, Táctica y estrategia, si más o menos hacen eso, consiguen que finalmente esas frágiles chicas, les necesiten. Entonces lo hacen, un buen día, ellas lo descubren, y no pueden soportarlo; ellos, recuerdan que estan enamorados y las dejan. O si no lo hacen, no le dan muchos motivos a sus muñecas para que les quieran. Llegan a ser bipolares con sus almas con sus corazones. Sí, tan duro como suena, tan jodido como suena. Lo sé, deberían meterles un balazo en la sien a todos."

"Así que investigué, indagué en su historial, busqué en su instituto, su universidad, moví algunos hilos e hice algunas llamadas, hasta encontrar lo que parecía ser su mujer justa, su verdadero amor, el motivo de sus crímenes, y la utilicé como señuelo.¿Cruel dices? ¡Después de todo lo que este hijo de puta había hecho y había podido llegar a hacer! Lo organizamos todo en el local que él solía frecuentar, y le preparé una encerrona en un callejón. No fué fácil pero al final me las apañé para acorralarlo en una esquina (siempre obvio detalles en mis historias para mantener a A. con la intriga). Le insití en que todo saldría bien, que nadie más debía ser dañado, de que era su final y entonces se lo pregunté, a boca de pistola, "Dime, ¡dimelo hijo de perra! ¡Cuando fué la última vez! ¡Cuando lo dijiste por última vez! ¡Vamos! ¡Habla o te vuelo los sesos!", entonces él me describió lo siguiente:

Era una fría noche de invierno del XX y buscamos refugio debajo de una parada de autobús, ella me había sugerido que lo nuetro había terminado, entonces yo me apoyé en la parada y entre sollozos se lo dije: "pero... pero yo, yo te quiero."
Entonces sonó el teléfono de mi despacho y una voz dijo: "Detective, lo ha vuelto a hacer; tenemos otro corazón roto". Estos eran los finales que más me gustaban.

El mundo termina sin tí

Uno puede volverse transparente, pero difícilmente inodoro. Transparentar es muy fácil, tanto de conseguir como de arreglar. Basta con sincerizarse un poco y al paso de las pocas semanas se empezarán a notar los efectos de la transparencia, su cobertura también es más que fácil y gratuita: la aparencia, lo aparentoso; una máscara cubrirá el hueco de nuestra ausencia visual. ¿Han intentado alguna vez ser sinceros? Oh vaya, serlo un poco es fácil y los efectos de la transparencia apenas se notan, hay que ser constante, persistente, tenaz en dicho arte, ejercitándose con unas cuantas repeticiones todos los días bastarían para obtener una recomfortante no-presencia. Además se arregla con una máscara bien olgada.

No obstante allí está la inhodoridad. Se puede ir transparenando por allí, pero amigos míos, los malos olores, eso tiene un remedio difícil, casi imposible diría yo; hay que cambiar de estación. ¡Toda una faena! Sobretodo ahora, que llega el invierno.

El mundo termina contigo

"Un cambio de estaciones", entre otras cosas, es una canción de un afamado grupo norteamericano conocido con el nombre de "Dream Theater", detalles aparte, estos en susodicha canción tardan quince minutos en dejarnos claro el doble sentido, la verdadera razón de ser de la canción, las estaciones cambian; así puedo hacerlo también yo.

Hacemos en vida, durante estas, cosas verdaderamente increibles, dignas de mención, de relato. Dado el tiempo al pasar, qualesquiera que sea lo que se avecine, esto mientras el mañana se torna en ayer, define nuestro destino, los que somos, como olemos. Cada uno de nosotros tiene un olor, para los que olemos, esto puede llegar a decir mucho de nosotros mismos. El oler, sentido a mi modo de ver la vida, es algo que menospreciamos, sin embargo, se puede acer una muy buena lectura del mundo oliendólo, así es como, por extensión, el olor puede llegar a ser un muy buen aperitivo de nuestra persona, y todo lo que ella significa. Es con el devenir de los días con lo que al final, podemos llegar realmente a oler mal. A apestar a pura mierda.

Y yo también, puedo llegar a apestar. Puedo llegar a cambiar de estación. ¿No oléis el otoño en particular? Musgo, humedad, ojas. La primavera, es policromática en olores igualmente, no se queda atrás el verano. O la inodoridad del invierno es igualmente rica. Decía que hacemos grandes cosas en la vida, podemos llegar a adoptar costumbres maravillosas, moralmente correctas, hacer bien las cosas, para estar de veras bien perfumados, sin embargo las cosas pueden llegar bien a torcerse; un pal de malos días, cuatro malas costumbres y nos encontramos matando las horas muertas. ¿Qué hemos hecho con nuestras vidas?, ¿dónde queda todo ese ímpetu de provecho? ¡Cuán de fácil es realmente llegar a apestar!

Pero un día llegara en el que despejemos nuestras narices y al cerciorárnos de nuestras flatulencias, cambiemos de estación. Sobretodo ahora que llega el invierno. Conviene.

Redundantemente




La felicidad es la añoranza de la repetición

  La felicidad es la nostalgia de la repetición
    La felicidad es el anhelo de la repetición
       La felicidad es el deseo de la repetición
           La felicidad es la repetición




Et in Arcadia ego

Habia una maxima, tiempo ha, tiempo al tiempo, seguramente somos muchos a los que deberian recordarnosla, "no dejes para manana lo que puedes hacer hoy". Dicen que el manana es el futuro ayer, entre otras cosas, eso es tan cierto como que el tiempo vuela y como que vivimos con un pie en el futuro y otro en el pasado. Et in Arcadia ego, es un memento mori un "recuerda moriras". En concreto, viene a significar "yo, la muerte, reino incluso en la Arcadia". Se manejan hasta aqui unas pocas cosas: ayer, manana, tiempo y muerte. Lo que sigue es una breve tela urdida con esos hilos, sin querer parecer retorica en tiempos de crisis.

Tenemos muchas cosas que hacer y deshacer, satisfacciones que satisfacer, una boca que alimentar y lo que a veces parece mas importante; y va y una de esas cosas que tenemos que hacer, una de esas realmente importante para nosotros. Nos damos cuenta de que ayer, no la hicimos; "vaya ayer no hice esa llamada". Detengamonos! Esa llamada es muy importante, podria poner algun ejemplo, pero no lo hare; hoy en dia es facil proyectar una llamada importante. Nos acostamos con la llamada entre ceja y ceja, y sin darnos cuenta, es otro dia, ayer es anteayer, y la llamada a altas horas de la noche, sigue en nuestro entrecejo. Y asi sucesivamente hasta que lo que un dia fue ayer, hoy es hace tres lunas: ha ocurrido la muerte. Arcadia es todas partes.

Autodestruccion, no puede ser otra cosa, dice un libro, y seguramente algun otro mas tambien lo dice, que de entre las cosas increibles del hombre, una de las mas inexplicables e irracionales y sin embargo de esas que siempre llega, es la autodestruccion, el hacerse verdadero dano a uno mismo y, en consecuencia a terceras personas. La pasion por ejemplo, la pasion es por definicion autodestructiva, mas que los instintos, lo que nos hace brutalmente animales es la pasion.

La muerte de algo, de ese algo que esa llamada o qualquier cosa que ella fuera o representara. Y encontes el entrecejo, ahi donde habitaba esa radical necesidad de hacer aquella llamada que nunca se hizo, y cuya unica explicacion reside en eso, la autodestruccion.


Así habló M.

Me han pedido, que dé explicaciones, me cogieron por los brazos, por las piernas, no me dejaron hablar, ni siquiera me pidieron explicaciones por lo que había hecho, se limitaron a decirme, "esta bien M. todo esto ha terminado, ahora sal allí y cuentáselo a todo el mundo", yo estaba asustado, me dijeron también, que por primera vez podría dedicarme a ellos directamente, sin nadie que me suscribiera, entonces me empujaron, me precipité hacia la cortina, me tropecé y me caí de bruces en medio del escenario.

Levante la vista, y allí estaban, Los Rostros Expectantes. Entonces lentamente me incorporé, el escenario tenia el suelo polvoriento, así que me sacudí los pantalones. Me puse en pié, me incorporé y entonces una luz intensa cayó sobre mí. Los Rostros Expectantes expectaban de veras. Era hora de abrir la boca. Mi discurso, que no preparé, fue más o menos así:

"Me han despedido, vaya es decir, que ya no trabajo para la compañía. Tenemos algunas cosas escritas, así que probablemente vayana  verme ustedes un poco, sería una pena desechar el trabajo de estas últimas semanas. Pero, es verdad, no hay rencores, no. Ninguno. Ya no tiene sentido que siga aquí, por definición me tenían que echar a la calle, no es que estuviera en ningún contrato, no. Nada de eso. Bueno, se habrán dado cuenta de que mi personaje estaba definido entorno de algo... er en no en particular pero si particularmente especial, aunque fera en general. Y oh, vaya ese algo se ha perdido. Y bueno, lo único que puedo decir es que mucha suerte, voy a seguir esto de cerca y en fín, muchas gracias a todos vosotros, por estar, digamos.. ahí. No descarto volver cuando sea necesario, a pesar que los de allá arriba, que me escriben, han cambiado un poco la política de la compañía. Pero bueno uno nunca sabe. Vaya parece que estoy alargando demasiado esto, debería ser naturalmente más corto. Bueno, adiós amigos".

Y así es como M. habló sobre su despido.

...todo es Mezquino

(Pota socavado y variado de Joan Salvat-Papasseit, el poeta vanguardista catalán)

Nada no es mezquino,
ni ninguna hora es la mala hora
ni es oscura la ventura de la noche
y el romerío es claro
que el sol salga nos prende el ojo sorprende.




Primavera de INVIERNO
PRIMAVERA de verano.
Y todo es primavera. Y toda hoja verde,
e t e r n a m e n t e .

Nada no es mezquino
ni rico como el vino
Y la ola del mar siempre nos sonríe
la ola del mar siempre ríe
la ola del mar siempre 
y siempre y siempre,
vuelve vuelve.

Nada no es mezquino,
puesto que ayer, mañana,
h o y, o triceversa se deshojará,
una rosa Y
a la virgen más
joven, le saldrá leche de un 

pecho .

...de cuando estuve Loco.

(Esto es un poema de Tito Muñoz, interpretado a menudo por Joan Manuel Serrat)

De cuando estuve loco
aún conservo
el carné de majara en la cartera,
un plano detallado del infierno,
un cielo con pirañas y goteras,
un prontuario en la comisaría,
un frasco con pastillas de colores,
la carta con la que te despedías,
remedios varios contra el mal de amores.

Ahora voy rumbo al sur a sentar plaza
desdeñando otros puntos cardinales
y el sol encarcelado en la terraza.
Voy rumbo al sur buscando
tus besos espirales.

Atrás dejo kilómetros de afueras,
aire por respirar, luces en rojo.
Hacia donde señalan tus pezones
voy a toda pastilla
dando gas a la moto.

De cuando estuve loco aún conservo
un par de gramos de delirio en rama,
por si atacan con su razón los cuerdos
y un viento fuerza seis de tramontana;
el vicio de escribir por las paredes
pareados de amor, y la manía
de buscarte entre todas las mujeres
que en horas bajas me hacen compañía.

Cuando rozo tus pétalos, nenúfar
que sobrevive en aguas estancadas
saltan chispas, los cables se me cruzan,
se me sube el mercurio
y me salta la alarma.

Mono de ti que me obliga a llevarte
en sobres rojos, liofilizada,
para tomarte cuando me apeteces
a sorbos cortos
donde duele la madrugada.

Te escribo desde un área de servicio
donde sólo me ofrecen gasolina.
Puedes llamarme a cobro revertido
desde la caracola de la esquina.

memorias (II) de una Escena


Aprovechadas o no, las oportunidades se suceden. Incasiablemente, una tras otra. El vivo recuerdo, no dista mucho del recuerdo muerto, o ese que nuncá fue y que sin embargo en un momento cualquiera pudiste llegar a hacer tan vivo. A veces uno sencillamente se deja atrapar por un sueño que lentamente se convierte en una pesadilla; un libro con las páginas tan vacías como la vida de uno mismo. Entonces hay que intervenir e intentar llenar esas páginas, porqué sinó se alcanza lo que nunca debería alcanzarse; la rutina condicionada.

La cuestión es, ¿Como puede uno pedir ser cuchillo y a la vez, que sangren por él? ¿Porqué sencillamente no nos dormimos cuando tenemos sueño? ¿Porqué sigue cantando el ruiseñor? Cuando todo el mundo lo sabe: ya no hay ruiseñores.

Al final somos esclavos de nuestros sueños

Escenas de una memoria (I)

Cierras los ojos y te relajas, ha sido un dia duro. Pisa el suelo crujiente del muelle, pone su mano a modo de visera, mira hacia el horiztonte; nubarrones oscuros, amenazantes de tormenta. Y aún así, abres la puerta y entras, buscas en tu memoria. Con un pie firme en tierra, pone uno en el bote, que lucha por mantenerse en equilibrio en el agua. Es entonces cuando te ves rodeado de un mar de rostros; estás en la mitad de una sala grande, ancha alta, en ella estás muy agobiado; la gente te empuja, de un lado a otro; cómo si estuvieran de paso y tu sólo fueras un estorbo. Lleva un buen rato navegando hacia el horizonte. Quieres encontrarla. Quiere encontrarlo. Está entre la gente. Está en las profundidades. Sólo es cuestión de aguantar entre tanta gente, entre tantos rostros conocidos, entre tanta experiencia viva, entre tantos cuerpos que se te interponen. Sólo es cuestión de que siga navegando hasta llegar allí donde el mar es tan profundo como la lejanía del horizonte lo perimte, de que lance sus redes, de que sea paciente. Oh, vaya allí está, la has econtrado, pero de nuevo, situaciones vividas a las que no te quieres enfrentar, te hacen frente. Hoy pican, pero las nubes se agolpan, una encima de otra y amenazan con descargar de un momento para otro, con furia. Y le hablas. Se desata la tormenta.

Las aguas se enfuerecen y las olas provocan que el bote se vuelque, es inútil, el agua es fría y el bote ha desaparecido entre las oscuras aguas. Hay algo que tira de él hacia ellas. Le fallan las fuerzas. Se sumerge en el agua; sólo ve burbujas y negrura, algo lo tiene agarrado del tobillo, algo le mata.




Y de repente, abres los ojos.

Enteléquia por autonomasia


TIEMPO
TIEMP
TIEM
TIE
TI
T
.

Cuànto nos hemos pronunciado ya acerca del tiempo? Tempus fugit, y todo lo que uno quiera y màs entiendo. Es por asi decirlo, el paràmetro fundamental de todo lo humano. Paràametro, asi és. El tiempo es una enteléquia, un ente terriblemente humano que nos hemos sacado de la mano, para medir nuestros latidos, hasta el ùltimo, nuestros pasos, hasta el ùltimo. Nuestra caducidad. El tiempo empieza siendo algo intrascendente para nosotros, crecemos y gozamos con ello. Conocemos nuevas experiencias y cada dia se antoja como una larga aventura donde las horas muertas son tortuosamente largas y la unidad fundamental de tiempo humana; la hora, se sucede como algo realmente provechoso. Hay mucho de biològico en todo esto; el cerebro esta atento, toma al tiempo en mayùsculas y con todas sus letras, todo se vive intensa y larga mente, la sensacion es que los dias son largos, llenos de aventuras y de quehaceres que recordamos para el resto de nuestras temporales vidas: Nos sentimos inmortales, perennes, el tiempo no existe. Y a la vez es completo y mayùusculo, puesto que no nos da miedo pronunciarlo, invocarlo, alto y claro. Luego la cosa cambia.

Sentimos pànico, vértigo. Las horas vuelan, los dias se suceden y de ellos apenas retenemos nada. Ya hemos aprendido a vivir y nuestro cerebro deja de retener tanto para nada. Ahora si, no hay tiempo, què hago con mi vida? Quièn soy? De donde vengo?

No, no! No tengo tiempo!

Castillos en el Aire, III


Y al final, castillos en el aire. No lo hice. No me acerqué. No me hice descubrir. No. Me quedé conmigo mismo. Qué fáciles se antojan las cosas en sueños, qué fácil es también despertar de ellos y no poder volver a inmersarse en ellos porque ya no se tiene sueño. Lo mismo pasa en vida, se pierde el sueño, los sueños.

La ves, la dejas pasar. La ves, la dejas de mirar. La ves, la dejas de desear. La ves, la dejas de pensar. No la ves.

Perdiste tu oportunidad: no supiste tocar la nota para emocionar, cambiarla para hacer llorar. No supiste actuar en tu última actuación; te quedaste tras las cortinas. Y ahora sólo eres una sombra, en principio reflejo de algo en vida. Hasta que pasas a ser un juego de la China; son sus finas manos las que ella usa para evocarte en su muro de las lamentaciones, hasta que un día una de tres:


La única vela que tenemos se consume.

Las finas manos se cansan de hacer vivo nuestro contorno.

Los ojos se aburren de nuestros juegos murales.

Hubo un día en el que pudiste evitar pasar por todo esto, hubo otro día (este ya más próximo) en el que pudiste cambiar el final del relato. Hoy, sólo puedes cambiarte a ti mismo. Empezando por entender porqué los perros de Goya, se hunden en el desierto. El que quiera entender que entienda.

Castillos en el Aire, II

Ahora, ahora toca ser uno mismo. O uno otro, o todos a la vez, o nadie. Toca arremangarse e intentar justificar el porqué, el cómo, el cuándo y el cuánto. Porqué te conocí, Cómo te conocí, cuándo quise conocerte y quanto quiero conocerte.

Ser uno mismo, para al final volverse tan sincero, tan verdadero que de cansarte de verme, veas a través de mí. Convertirme en algo que no puedas abrazar, porqué sólo del misterio se alimenta la carne.

Ser uno otro, o uno mismo sin llegar a serlo del todo, es decir, ser un cobarde. Así se termino siendo transparente, pero no sólo transparente, sinó que hecho de vapor, de modo que a tu menor jadeo, me desvanezca

Ser todos a la vez, todos los hombres, y ser todo hombre, para ser sólo carne, no acercarme a tí sinó para intentar arrancarte las vestiduras y tenerte sólo en superfície, sólo en yema, uña y carne. Violentamente.

Ser nadie, y aceptar la derrota de la que parten todos los hombres: dormir contigo sin acostarme contigo, estar contigo sin vivir contigo, conversar contigo sin hablar contigo.

Todo conmigo pero sin .

Un poema inacabado cualquiera

Tiritante esperanza, vana,
que perpetua se contagia.
Quiero vivir de tu enfermedad.
¡Oh! Tu que alargas mi yo decadente
Empuja al astro candente
Tu eres la semilla rota de la tierra quemada
Tu eres fuego fatuo en la oscuridad
Viento en la claridad
Siempre atendiendo más nunca complaciendo
Curate, de ella,
Y si no me dejara vivir la desesperacion
entonces, ¿para quién escribiría yo?

Castillos en el Aire, I

Se presenta un dilema terrible; ¿debo conocerla? ¿Qué derecho tengo? A mirarla, a acercarme a ella, a hablarle... acaso... ¿a acariciarla? No tengo ningún derecho.

¿Cómo podría hacerlo? Haciendo el ridículo supongo "Hola, perdona, sin pretexto alguno he notado lo bonita que eras y he decidido venir y conocerte". No, eso no puede hacerse, sinó este mundo estaría condenado con sinceridad. Hay que esperar que ocurra, que se pongan en marcha los mecanismos de la casulidad, único órgano regulador y ejecutador de las relaciones humanas. Él único por derecho.

Oh vaya, no, no puedo aceptarlo, ¿por casualidad entonces? ¿Es así como pretendes que la conozca? Y dime... ¿Qué tiene de digno la casualidad? ¿Qué tiene de noble? ¡Nada! ¡Castillos en el aire! Dejame, deja que me abra paso, dejame andar a grandes zancadas, para alcanzarla a lo pronto. Deja que choque contra su armadura de cristal en la que se reflejarán en el último momento todos mis temores, despojándome de todas mis armas excepto con la del ridículo, que pocas veces es mortal.

Ya lo has hecho, ya has vencido, estas más allá de la casualidad y la causalidad, ya la conces. Ya ha entrado en tu vida, ¿y ahora qué?

Pesadillas Recurrentes

De vez en cuando M. oye melodías, lejanas muy lejanas, suelen aparecersele en sueños y cantan algo así:

"El tiempo ha pasado ¿verdad?"
"Hemos cambiado"
"Tu has cambiado, yo he cambiado, pero nosotros no hemos cambiado, nos seguimos necesitando"
"He amanecido con otras y ni siquiera tu sonrisa se asomaba en el horizonte"
"Sí, nunca llegaba para montarme con Apolo en su carro"
"¿Entonces?"
"Entonces aún te quiero, ¿volvemos?"
"Naturalmente".

Entonces despierta, y sigue cantandolas mientras mantiene su rima en la cabeza. La naturaleza de dichas melodías aún le es un tanto extraña a decir verdad, a pesar de que es inegable que conoce su origen, "¡Oh!, no es más que una vieja relación", luego suelen preguntarle "¿Entonces?", "Mmm... lo que sucede es que no hay ninguna nueva", "ah vaya entonces no es nada digno", "exactamente, nada digno". Así es, aparecen porqué dichas melodías se antojan insustituibles, hasta que alguien dé el golpe.

Es como un grupo de música, jamás es capaz de reconstruir "ese" disco, que les hizo triumfar en la vida, ni siquiera se les antoja intentarlo, puesto que es algo ciertamente muy difil, en vez de ello intentar crear algo nuevo, distinto, que en otro plano, en otra realidad, frente a otro público, se redescubra como el nuevo gran dsico de la banda. Y entonces se pueda olvidar al último disco exitoso, tal y como se olvida a la banda que hizo ese disco, y se cree en una nueva.

¿Cuál es el problema de M.? La falta de sueño. No hay lugar a duda.

La Mancha Humana

Suena el despertador y no te despiertas; porqué ya lo estabas. Te duele la cabeza; ese dolor propio de haber dormido poco y bebido un poco demasiado antes de acostarte. Tienes obligaciones, tienes que levantarte, pero el peso en tu cabeza puede más, el alba aún no despunta y ningún sol puede levantarte aún. Pero debes. Fue una noche movidita, te llevas la mano a la cabeza; malditas mañanas, sólo nos la arreglan una ducha y un café o viceversa.

Deberías haberte ido antes, siempre piensas; incauto, nadie habría marchado antes de que hubiera terminado esa melodía melancólica en el violín... ¡Casi te echas a llorar ante los ojos de todo el mundo! El vío sabía jodidamente mal y tus compañeros tenían los dientes negros. Pero el corazón se inclina hacia esa melodía. ¿Qué tendrá la música? ¿De donde llega esa mano que me traspasa y agarra mi corazón y lo agita? ¿De esa pequeña cajita de madera vieja y cara?

Es allí dónde uno se dá cuenta del porqué del todo; esa música eterna, atemporal, compuesta hace siglos y que sigue haciendo estragos en nuestros sentidos y sentimientos, y luego pasa lo que pasa.

Llega otra noche, esta vez sin demoras. Pasan las horas y sin saber ni como ni cuando, en la mitad de la noche, sucede. Abres los ojos, te incorporas y te sientes angustiado, piensas (pronuncias hacia lo altao): ¡Mi vida vale en peso lo que dos huevos!¡Qué he hecho con mi vida!¡Dónde llevan mis pasos sí lo único que se es que cada uno de ellos me llevan más cerca del final!¡Moriré!. O una série de improperios más.

Otra forma de la misma conciencia se alcanza en la vigilía; completamente descansado, estirado en tu cama te concentras en tí y sientes la vida fluir en tí a modo de compás bien llevado por nuesto corazon. Lo piensas un poco, y no puedes hacer otra cosa que angustiarte.

El Punto de Fuga

Dos líneas paralelas, cogías un papel y trazabas una recta, con escuadra y cartabón trazabas otra y tenoces, jamás se cortaban. Hasta que un día te dicen que sí, que se cortan en el infinito, en un punto impropio para poder ser visto. En nuestro punto de fuga. Qué incredulos eramos frente al cuaderno de matemáticas en nuestra tierna infancia. Sólo hacía falta contemplar la vía del tren. Allí, a lo lejos, se convertía en un punto, el punto impropio, el punto de fuga, el punto imposible.

Dos vidas paralelas que buscan su punto de fuga. Dos vidas que no tienen un punto en común en su vida para encontrar-se, que no se cortan, no se encuentran hasta dónde alcanza la memória, hasta dónde recuerda la vista. ¿Que puta es la geometría verdad?

Si en el momento indicado, en el sitio indicado hubieran estado en el mismo punto, su paralelismo les hubiera llevado a una vida juntos, solapados, unificados, en permanencia en su fuga, un dos igual a uno más uno. Pero no. Empezaron en puntos distintos, y su paralelismo es pues, una condena; Nadie curvará su camino para que se produzca un improbable encuentro.

¿Qué hacer ante tal problema geométrico? Hay un local en Madrid en el que lo tienen muy claro, en la entrada de tal sitio hay un cartel que es la solución de todos los males: "Prohibida la entrada a quién sepa geometría".

En Presencia de mis demonios

M. se levanta puntualmente tarde todos los días, para llegar a la hora que se propuso el primer día, cuando llegó tarde; los diez minutos de rigor que en el fondo, no estropean nada. Más bien tensan los nervios pero devuelven el sueño.

Apura una ducha matutina rápdia, envuelto de frío, apura un tazón con leche fría, y apura su paso hacia el metro en una fría mañana. Se enlata con sus congéneres, y salta hacia dentro de su libro con su música. Por poco, puesto que tiene que saltar y seguir apurando el paso para llegar al trasbordo, y sigue apurando hasta llegar a la clase, se sienta, atiende.

Atiende, piensa, atiende, atiende, recuerda, piensa, atiende, piensa, atiende, piensa, piensa, piensa, piensa, atiende, piensa, piensa, piensa, piensa, piensa...

E con este ritual invoca a sus demonios, sin saber ni como ni cuándo, no porqué ni para qué, se sucede una interrupción, un hechzo instantáneo, este se propaga en alguna zona entre el pecho y la cabeza, a la altura del corazón; se le oprime, siente un cosquilleo, que se expande, como si fuera una gota de tinta roja en un lago azul. Un cosquilleo que le alcanza hasta la médula y le penetra en la cabeza por los nervios. Y entonces siente el tiempo pasar, siente los trenes perdidos, las oportunidades rotas, las esperanzas perdidas, y el destino trágico último: la pérdida. Y todo sucede de repente.

y entonces hay que distinguit entre lo que haría, y lo que hace: saldía corriendo, gritando si hiciera falta "¡Allá voy!¡Alla voy!", saltaría encima de muros, sortearía coches, destrozaría sus vestiduras. Pero permanece allá callado, sentado, haciendose hacer que escucha. Espeando que la tinta roja se diluya en su estanque, que el rojo se expanda por su cuerpo, desapareciendo, pero posándose un poco más en su interior. Calndo un poco más hondo. Hasta que un día tenga que extender un brazo, levantar un dedo con el señal de la cruz y apurar:

¡VADE RETRO! ¡VADE RETRO!

Todas las Luces Reservadas


"Bendecida con un ojo para ver las cosas tal y como son ¿Me dibujarás?"

Dice el cuento, que había una vez una niña, una preciosa chica de ojos de esmeralda, pelo azabache como la noche y que olía a rocío. En las tardes de otoño, se sentaba en lo alto de un muro, en una calle a las afueras de Budapest. Le colgaba graciosamente un pie que oscilante contaba las horas que se pasaba allí sentada. Cuentan algunos, que de vez en cuanto traía consigo un cuaderno, un carboncillo y dibujaba.

Los más viejos del lugar no se acercaban a la pequeña, decían que era un demonio, un ser de otro mundo que se encargaba de traer el otoño, dibujaba los árboles y se caían las hojas, dibujaba las flores y se marchitaba, dibujaba los cielos y se entristecían (se tornaban sombríos y lloraban), dibujaba los campos y se volvían caducos y ennieblecidos, dibujaba el paisaje y se hacía el invierno. Demonio o no, la pequeña tenía un hogar, algunos niños la habían seguido, y cuando lo contaban a sus madres, estas les zurraban y les regañaban pues no debían acercarse a esa casa, que por supuesto, estaba maldita. Se reservaba la luz del día para con ella dibujar como si se tratara del Segador con la guadaña, recogiendo almas, ella pintaba vida, estampaba la vida en las hojas en las que dibujaba, y allí, retenida, muerta, la dejaba.

Un día la niña dibujo hizo un retrato de su madre, y al día siguiente ésta no se levantó, atacada por unas extrañas fiebres que el médico del barrio no supo explicar. Se dice que su hermano pequeño (apenas alcanzaba los cinco años) cerró los ojos para no abrirlos nunca jamás mientras su hermanita le dibujaba. El padre espantado y consciente de los rumores que azotaban al barrio des de la muerte de la madre, se apresuró en quemar todos los útiles de dibujo de la niña y se llevó la niña al campo, lejos de la ciudad. Pero un día simplemente la niña volvió y se sentó en el muro. Ya no era una niña; los años habían pasado, ella simple y silenciosamente, volvió.

Su belleza se había multiplicado con los años hasta tornarse irresistible, era la comidilla, durante el otoño, en las tabernas del barrio, hasta altas horas de la madrugada, había noches en las que no se hablaba de otra cosa, cuando uno de ellos se acercaba a ella, fuera cuál fuera su intención, de la más sencilla a la más atroz, cuando este estaba demasiado cerca, ella sacaba su cuaderno y un lápiz, entonces los hombres, jovenes y viejos, huían despavorecidos.

Un día, la muchacha, la bella muchacha, se encontró una nota en el muro, "Te quiero" al verla, se la guardó en un bolsillo y dicen que alcanzó a ver una sombra deslizándose en una esquina, seguida de ecos de pasos. Las notas se sucedieron y pasaron a ser cartas. Nunca recibían respuesta, puesto que la joven no sabía escribir; nunca había ido a la escuela. Las cartas y las sombras se sucedían, pasaron algunos otoños y puntualmente, des de la caída de la primera hoja hasta el solsticio de invierno, las cartas se sucedían. La chica no lo sabía, sólo había conocido el odio, el rechazo en su vida y nunca sin saber el porqué. Sabía que le gustaba dibujar y estaba bendecida con un ojo para las cosas como eran. Pero ella nunca había visto a quién le escribía las cartas.

Un día, la joven tuvo un sueño y en él aparecía un rostro, el . rostro vuelto de un joven que escrivía bajo la pálida luz de una vela. Esa misma tarde lo dibujó, y jamás volvió a recibir otra carta. Tuvieron que caer aún muchas hojas para que pudiera entenderlo, pero un día, mirándose al espejo, lo comprendió.

Tenía que hacerse un autoretrato.

¿Dónde está mi estrella?

Uno no se da cuenta, todo empieza de forma muy sutil. Se han dado muchos tipos de casos, sin embargo el más típico es el del metro: el sujeto llega corriendo y delante de sus narices se cierran las puertas, o en su versión alternativa, el sujeto llega corriendo y es el del otra andén y no el suyo. Y así ocurre un día, y entonces ya no hay marcha atrás.

Empiezan a suceder cosas extrañas, enmarañadas sutilezas y giros inesperados en el guión de la vida; mala suerte transitoria, pero no sabes lo que se te viene encima.

Porque entonces llegan los males mayores. Y la mala casualidad nos amenaza ya no sólo en el plano psíquico, sinó en el físico. Normalmente a todo esto se le suele echar la culpa "al mundo". "No verás es el mundo que está en mi contra", espetan algunos. Otros senzillamente maldicen su suerte "¡Maldigo mi suerte!".

También a alguno se le ocurre demandar a Diós, y ojo que esto es notícia, también está la postura del "arrimado de hombros" seguido de algo parecido a "es el equilibrio en el mundo, ya me viene saliendo todo bien durante demasiado tiempo". Estos últimos son bastante patéticos.

Hasta que llega un buen día en el que te das cuenta: te levantas al amanecer y no está tu estrella. Entras en el metro y en vez de perder un tren ves a un pordiosero, "argent pour manger?", intentas salir del paso "eeeeeeehm parler vous anglais?", "some money for food?" y entonces indignado sigues tu camino (por el otro lado del que has venido) Y piensas, "Dios, a mi, no me la juegas".

En la Piscina


El agua. Estamos hechos de ella pero no para ella. De ella venimos pero a ella no retornamemos. Y si la tenemos es de hecho, porqué el azar es bueno: nuestro planeta se encuentra en el estrecho umbral del Sistema Solar en el que es posible la presencia de agua líquida sin otras influencias como una densa atmosfera de gases raros y un núcleo que la caliente: El agua está porque tiene que estar. Pero no

Uno de los muchos usos que le damos, es el de ejercitarnos con ella, sudar pero como sin estar sudando, hacemos natación. En líon En líneas generales es algo que puede hacer todo el mundo. Bien, recientemente me he empezado a dedicar a ello. Pero eso no es lo que importa.

¿Sabían que existe la profesión de afinador de pianos? Yo no lo sabía, lo descubrí en la piscina, también descubrí que pocas escuelas hay de ese noble y romántico oficio, una de ellas en Parísn París. Y todo esto me lo enseñó una piscina.

Cuando uno nada, se centra en sí mismo, intenta focalizarse en su quehacer, mejorar su técnica, intenta "sentir" el cansancio, a falta, de algo tan visual como el sudor para corroborarlo, seguidamente se fija en el resto, complementando lo primero, como todo en la vida, siempre habrá alguien nadando mejor, menos mal. Entonces uno puede empezar a sentir el agua, ese extraño medio, en el que cuesta moverse, en el que con el permiso de Arquímedes, flotamos, como si estuviéramos en el espacio pero sin estar cayendo constantemente, eschuchamos y vemos al mundo de otra forma, todo es más lento, la luz no es la misma, es "otro medio", es todo un milagro, cuando uno está acostumbrado a andar hacia su propia canción. Vamos es un fluido incompresible, mucho más viscoso y denso que el aire. Cuando uno "siente" el agua y experimenta la belleza de "el estar" en ella, entonces uno puede ir a buscar belleza, más allá de ella: yo ayer la encontré.

Era un hombre, maduro, con una barriga enorme, y no se movía de un sector de la piscina, se sumergía, buceába, era el único de toda la piscina que ya con un poco de madurez, disfrutaba. Como un niño. Parecía, más que un pez, un enorme mamífero hecho por y para el agua. Sus movimientos, eran pues bellos. Allí estaba la belleza en la piscina, en aquellos movimientos. ¡Cabe también decir que casi no había mujeres en la piscina!

¿Qué nos dice la literatura acerca de las piscinas? Más bien poco, que recuerde sólo Kundera juega de tanto en tanto con ella. (En el cine ya es otra cosa) y sin embargo que gran escenario supone, que lugar para hilar historias y tramas. Véase por ejemplo la deliciosa "Joven del Agua" de Shyalaman.

Me dirigí entonces a las duchas previas a los vestuarios. Y el hombre "de movimientos bellos", llegó también para quitarse el cloro
"l'eau c'est trois froid!", "Oue Oue, c'est com ça!", respondí, "¿Eres español?", me espetó con un castellano afrancesado. "Com es que vous pouvois...?", "Trabajo con el oído, por eso". Y el resto, ya lo saben: las piscinas, en el fondo, son sabias.

Lobo y Cuervo

Un deso, sólo un deseo maestro. ¿Acáso no he sido bueno con usted? Concedáme un deseo, ¡Apiádeseme de mí! Devuélvame lo que me pertence, no haga que ande yo,
errando,
vagando,
avergonzado,
temeroso.
Hice lo que me pidió maestro. Déjame ir maestro, ¡le odio! No puedo vivir mi vida, mi todo llora,
suda,
grita,
se agita,
se marchita,
lanzo el vuelo, las estrellas mismas me ciegan, avergonzado de lo que me he convertido, miedo a la vida, las otras vidas llevo como anillo. Y entonces me poso encima de una marchita rama y no se tuerce,
perece,
enviejece.
Víctima de un encantamiento, una bella flor negra, testimonio del final de la raza huamana, ese soy yo, de miedo en miedo, de rama en rama, de resto en resto, de vida en vida. ¡Hágalo maestro! ¡Conviertáme en un humano!

Y entonces vieron al lobo comiéndose al cuervo.
(Interpretación de "Wolf and Raven", reeditada en 2008)

Carta de Amor devuelta al Remitente

Querida,

apoyado en mi balcon, entre sueños de noches de verano y rocíos de invierno, espero. Despachando un digestivo, sentado en el bar, entre el despertar y el umbral, espero. Entre la Navidad y la Pascua, contemplando las golondrinas volar, espero. Que vuelvas.

Pero no volverás, porqué nunca estuviste a mi lado. E hice todo, todo, menos ser yo mismo. Es por ello que no volverás. Fui cauto, prudente, sensible, atento, y por ello no volverás. Fui abierto, cerrado, divertido, enigmático, lo fui todo y por ello nunca volverás. Como si nada siempre hubiera sido. Fui fango en un torno giratorio en el cual me moldeste, porqué yo fui húmedo por y para ti, y nunca me sequé, y por ello, no volverás.

Tampoco saldré a buscarte: Nunca supe donde estuviste. Además ya amo a otra. Jodido es el corazón humano, que sobrevive al influjo, al bombeo de dos o tres amores, la quiero, no le envidies, tu eras sístole, ella es diástole, y todos la quieren: esos que aúllan en la estepa. Todos la aman, todos la penetran hasta el fondo, con tacto y permiso, todos quieren quitarme mi amada, la Soledad.

Tampoco aprenderé a olvidarte, ni 38 días ni mil noches. Por ello amo a una tercera, ella es la culpable: cuando yacemos juntos te invoco, veo tu rostro en el suyo. Ella es la mejor de las amantes, pero después la rehuyo la culpo, la grito, la amenazo. Entonces corre a los brazos de otro hombre, de otro lobo de la estepa, ella es la Esperanza.

Te escribo, para decir que tu padre ha muerto, tu madre se ha arrancado los cabellos, tu casa ha ardido, tus amigos te han olvidado, y que ya nadie te espera. El pueblo ya está curado, sólo yo sigo enfermo, enfermo de ti mi querida. Se me nota en los ojos, grises, secos. Se me nota en la piel, aspera, seca. Se me nota en el cabello, lacio, seco. Se me nota en la voz, ronca y seca. Se me nota en los labios, escarchados y secos. Porque ya no bebo de ti. Porque ya no peco contigo. Porque ya no te tengo.

Como nunca te tuve, nunca me hiciste pecador, nunca me diste de tu néctar. Porqué nunca te fuiste, nunca viniste, nunca volverás; te mudaste. Porque siempre has sido quien he querido que fueras: La Mujer Justa, Necesaria, Única. Sé que me lees, me quieres, pero nunca, nunca, me contestarás.

Atentamente,

quién subscribe.

Αρχή κατά τύχη και αιτιότητα

Jacques le Fataliste de Denis Diderot empieza rezando las siguientes palabras: “Comment s’étaient rencontrés? Par hasard, cómme tout le monde”. Que más o menos viene a contarnos como se conocieron los pintorescos Jacques, y su amo; por casualidad, como se conoce todo el mundo. Se trata entonces que realmente tenemos como muy aceptada: la casualidad. La hemos tomado como cualquier otra ordinariez (pues eso es lo que es) de nuestra vida. Una maravillosa ordinariez, ¿cuánto nos sucede por casualidad? Cuánto en nuestra vida sucede como en las malas novelas: una serie de eventos encadenados que nos hacen la vida más ligera, más risible, una serie de actos tan necesarios como extraño es que ocurran en el momento preciso en que los necesitamos, y sin embargo, ocurren. Andas por la calle pidiendo a gritos lo más inverosimil, lo más improbable y en la siguiente manzana lo encuentras pegado con celo en un árbol justo en el momento antes de que heche a volar.
Así pasa también con las personas. Y de hecho así es fundamentalmente en las personas. En principio, si lo desmenuzamos a nivel atòmico, todas las relaciones de nuestra vida, incluso la propia con nuestros progenitores, es fruto de la casualidad. No obstante con menos lupa y más miras, distinguimos un tipo amplificado de casualidad: la causal, la consecuente. Es entonces cuando tus progenitores no son ya casualidad, sinó que tu eres causa de ellos. De nuevo, lo mismo sucede con las personas. Hay amistades que se forman por causa: entramos en una comunidad nueva (escuela, universidad, vecindario, trabajo...) y no a priori, sinó con el tiempo, incluso años, acaban surgiendo relaciones personales del todo imprevisibles a priori, y sin embargo son tan naturales, tan consecuentes que son tan válidas como las forjadas a primeras de cambio.
Hay una canción (entre muchas entiendo) de Joan Manel Serrat que nos habla muy llana pero a la vez concisamente de las casualidades personales: “Es caprichoso el azar”. Todo lo que he escrito hasta ahora no es más que el preludio para homenajear la primera frase de la trascendente obra maestra de Diderot. Uno anda por la calle, y por la voluntad de hablarle a alguien, encuentra la pareja de su vida (no es el caso). Uno está en un concierto y balbucea algo, alguien se gira: otra amistad forjada y así, decenas, centenares, miles, millares de relaciones.

El Último día en la Tierra III, A media mañana

El autobús se aleja. M. se queda plantado en la parada, tiene su libro entre los brazos y lo aprieta fuerte contra su pecho, como si en cualquier momento pudera estrujarle y hacer zumo de palabras, o quizás esperando que la tarjeta desapareciese. Entonces pensó cuál eran los ingredientes mágicos que necesitaba: un café! Sí, un café tenía que despertar. Y se dirigió a la cafeteria de su facultad.

Evitó hablar con nadie, se puso los cascos, cosa que no suele hacer en sitios dónde es conocido (porqué allí lo era e incluso algunos le tomaban en serio). Se precipitó escaleras arriba, escaleras abajo. "¡Un café!", "¿Sólo?", "¡Cargado!. Espetó. Y se lo sirvieron. Le echó azúcar, y lo removió, vió como los torbellinos de una naturaleza turbulenta difícilmente explicable e predecible invadía la superfície del líquido elemental de las mañanas como esta. Y se ve a sí mismo inclinado hacia el café, removiéndolo con esa cuchara, límpia pero de forma incongruente. Esta tan agachado tan hacia el café que puede sentir sus emanaciones calientes, su provocativa y viciosa armoma. El cantó de las sirenas cafeínicas, más atrayentas que las de Homero. Cualquiera que le viera en ese momento podría haber jurado que M. se proponía a saltar de cabeza en él. Y despertar para siempre. Cuando preparaba el salto, (ya tenía las yemas de los dedos en el empeine de sendos piés), le interrumpierón.

"Buenas mañanas M.!" espeta el Profesor, que le era a M. de grata confianza. Confianza forjada en tutorías de su lejano ya primer curso, cuando coleccionaba suspensos desmontables por fascículos. Al estar tan cerca del café M. introdujo su nariz y parte de su cara en él. Se quema, se mancha, se ahoga (sutilmente) y por más inri, vacía la mitad de su café en un sitio indeterminado entre su nariz, su cara, su jersei y sus pantalones. "¡Profesor! ¡que grata sorpresa!". La voz sonó grave y rota; era la primera vez que componía algo con su voz, en todo lo que llevaba de día. Y ese pensamiento le recuerda que este podría bien ser el último día.

"¡Un café! vaya M. que cara me llevas hoy, joder uno tiene que venir aquí a quitarse las pesadillas de la cabeza, ¿no es así?" espeta el Profesor. M. se queda sorprendido y le mira con incredulidad. Por comparar, es como tod en la vida; uno se compra una bicicleta y repentinamente se da cuenta de la cantida de gente que va en bicicleta y de la que nunca había reparado. La reflexión inicial es la siguiente: "Claro ahora todo el mundo se compra bicicletas, justo cuando yo". La reflexión posterior es la siguiente: "En verdad lo que ocurre es que ahora que yo voy en bicicleta me cercioro de mis semejantes". ¡Eso es madurar una idea! Ante el silencio sostenido, ya que M. estaba pensando todas esas cosas mientras el Profesor esperaba una réplica. No sin antes mirar ambos flancos, dice de nuevo: "Lo que quería decir es que el café nos despierta M.", "¡Si claro!" , "Mmmm veo que algo te sucede". "Es complicado, ha tenido usted nunca la certeza de soñar en algo que no era un sueño, es decir... ¿soñar que se despierta de un sueño?". "No". "Vaya, ¿y si una persona poseedora de profesionalidad, honestidad y certeza absoluta le sentenciara un hecho verídico?". "¿Tiene esto algo que ver con el hecho de que le salga café por la nariz?". M. se limpia con una servilleta y en ese momento tocaran las diez. M. se despide y corre hacia clase. "¡Supongo que sí! ¡Sí! Es lo más lógico". Y mientras M. corría, en otro lugar de este mundo o de cualquier otro, un campesino, alegre y en una mañana soleada, sembró la semilla de la duda. Y esa iba a ser una buena temporada.

Ilustraciones de Pablo Scioti.

Inspirado por la canción "Last night on Earth" de Statovarius y a posteriori por "El Proceso", de Franz Kafka.

El Último día en la Tierra II, Pronto en la mañana

M. se levanta, se siente descansado. Parece ser que se ha dormido, es un poco más tarde que de costumbre, hay que optimizar recursos: puede irse de casa sin desayunar ¡pero nunca sin ducharse! Y así lo hace. Le encanta. En estos días de invierno, la ducha le santifica: Le recubre de un aura de calor que le hace inmune al frío durante el resto de la mañana. Nunca lo ha entendido. Sin embargo, al ser algo tan positivo de su persona, nunca ha querido indagar mucho al motivo que lo producía, no fuera caso que viniera de algo malo y algún médico se lo quitara. Embedido en sus pensamientos, cogió la chaqueta, tejana, se envolandó la bufanda, se dirige hacia la puerta del apartamento. Maldición, siempre se deja la llave. Se gira para volver a su habitación. Al volverse su mirada tras los cristales de sus gafas se encuentran con la caja de cereales vacía encima de la mesa, y un tazón, aparentemente apurado. No cabe duda de que no hace falta decir que sin duda, se sobresalta y mucho.

Ese día no cogieel ascensor: baja las escaleras corriendo. En el autobús, acurrucado en los asientos traseros, y dentro de su música, injertado en su pensamiento tiene la imagen de los cereales. La imagen de un hombre con un traje. Un nombre de mujer tanto peculiar para un señor. Y un mensaje inquietante, apocalíptico por así decirlo. Pero no, lo más probable es que el gordo de su compañero de piso, afectado por hambruna a mitad de la madrugada se viera obligado a pisparle unos cereales a M. ante la escasez de su despensa. Y al oírle en sueños su subconsciente le haya jugado una mala pasada montando una escena kafkiana digna de un director de cine independiente europeo.

Al encontrarle salida a sus pensamientos, se fija en la calle, la preciosa calle que cruzaba la ciudad, bañada ahora por los soles aún rosáceos de la mañana. Y se dedica a lo que más le gusta en el autobús; contemplar a las personas e imaginar sus vidas, extrapolarlas, lo mismo que en su pueblo hacía con los árboles. Pero en seguida sólo fue capaz de distinguir hombres con traje y sombrero comiendo cereales. Desvia su mirada de la calle y saca un libro de su cartera. No recordaba haberle dejado un punto, ni siquiera haberlo empezado. Pero hay un punto, más bien parece una tarjeta de visitas y de frorma mecanografiada dicta:

Sr. Verdad absoulta
C/ De la certeza, 43
La Ciudad

y detrás de ella esbozado a mano:

Recordarle a M. que hoy es el último día de la Tierra y que como tenía prisa no se lo he podido comunicar a nadie más.

Nadie sabe como llegó esa tarjeta allí. Y quizá si el libro pudiera haberse quejado, de que algo le implica como leído, dadas las circumstancias, no lo hubiera hecho.

Ilustraciones de Pablo Scioti.

Inspirado por la canción "Last night on Earth" de Statovarius y a posteriori por "El Proceso", de Franz Kafka.

El Último día en la Tierra I, Amanecer

Amanece, que no es poco. M. se levanta. Se siente sucio y siente como si le estuvieran forjando la cabeza. Se incorpora. Pone los pies en el suelo. Muy consciente de la hora que es, a pesar de dormir con la persiana hechada. Es temprano, muy temprano. Pero con los días que vienen necesita ayuda divina. Si no fuera por eso, seguramente seguiría levantándose temprano. Porqué M. va a la universidad. Nunca ha terminado de ser un animal de costumbres, le cuesta seguir todos los días la misma rutina, más bien se deja llevar por sensaciones y esa día sintió que antes que la ducha, el desayuno.

Desayunar, piensa M. antes de ducharse tiene ciertas ventajas sobretodo cuando uno sufre de hambruna pena, como le suele ocurrir a él por las mañanas, sin embargo nunca ha casado muy bien eso de ducharse con la barriga llena, ese vaivén de temperatura insoportable en la ducha merman sustancialmente su ya por naturaleza sensible aparato digestivo. M. llega a la cocina. Busca la leche, la encuentra. Busca una taza la encuentra. Busca el chocoloate, lo encuentra. ¿Dónde están los cereales? Por la mañana uno nunca sabe.

Se dirige hacia el comedor, y sigue pensando; sin embargo, si te duchas primero siempre corres el riesgo de mancharte con el desayuno y luego este está implícitamente más cerca de la comida cosa que nunca es buena, no le gusta comer cuando... M. se detiene, sus pensamientos tardan más en detenerse. Hay alguien sentado en la mesa.

Y come cereales.

Un hombre maduro, con gabardina negra, sombero negro y semblante duro, madurado, como de madera barnizada se come su desayuno. Y le mira. Apura la taza, se levanta y extiende la mano hacia M. "¿Quién es?" pregunta M. su aspecto es un poema visual, de los malos. M. solía dormir en calzoncillos y calcetines y así vestía. "Oh, perdone que no me haya presentado, soy La Verdad Absoulta". M. se siente confundido. Hasta ese momento hubiera jurado que tenía un hombre delante, y sí seguía teniéndolo, pero aún así más increible que su nombre le seguía pareciendo el hecho de que se había terminado sus cereales. Que por cierto eran buenos y caros. Verdad Absoluta esperaba una reacción de M. en forma de verbo, pero no la hubo. Así que añadió:

"Sólo venía a comunicarte que hoy es el Último día de la Tierra. Era sólo para que lo supieras." Y tampoco llegó el verbo. M. estaba anonadado y de repente se le ocurrió que quizá seguía viendo a un hombre porqué no se había puesto las gafas. Verdad absoulta con total confianza le dió un golpecito a la espalda a M. abrió la puerta, que estaba al lado del comedor y se fue con un saludo a modo de mano al aire sostenido.

M. se quedó unos insantes de pié frente a la puerta, balanceándose ligeramente, seguramente por lo temprano de la hora y por la perplejidad en la que ese hombre le había dejado. Así que decidió volver a su habitación. Se puso en la cama. Y decidió que seguramente esto sólo fuera un sueño. Y añadió que por fín había sido capaz de ser consciente en uno de ellos. Se sentía un poco decepcionado consigo mismo por haber participado tan poco en él, y entre malidiciones, se durmió.


Ilustraciones de Pablo Scioti.

Inspirado por la canción "Last night on Earth" de Statovarius y a posteriori por "El Proceso", de Franz Kafka.