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No obstante y sin embargo, de vez en cuando algo en nosotros se permite ser original, sea el soñador que tenemos dentro: va y levanta una piedra de la que se escapa una idea, una de esas platónicas que aún nadie había repetido, la idea liberada intenta subir hacia “el mundo de las ideas” ese qué conocíamos tan bien al final de nuestra educación secundaria, pero ¡hay! Pobre idea, la cazamos.
Si me permiten; el otro día soñé algo con un mínimo interés simbólico, fue algo reconfortante, es caro soñar en estos días aciagos, con estas vidas que tan poco tienen de vida, no queda ya mucho para uno mismo. Era una mesa y había gentes, amables, risueñas conmigo, jugábamos a las cartas, juraría que con una baraja de póker. Estabamos fuera, en un campo, era en cierto modo un ambiente un tanto claustrofóbico, como si el aire pesara más sobre nuestras espaldas. Y había una gran gracia, un gran sol, naciente y poniente se repetía: amanecía y oscurecía en un periquete, y por si fuera poco, el disco solar era gozosamente grande y redondo, se achataba y expandía al llegar al horizonte, que curiosamente parecía muy cercano a nosotros. Yo no podía dejar de mirar al sol y de hecho hacía caso omiso a la partida que ten pronto era tempranera como propia de altas horas de la madrugada. Tiempo dilatado. Otra gracia es que a pesar de todo jamás oscurecía, siempre había una halo de luz anaranjada en el cielo. Después de sucesivos amaneceres, amaneció una luna llena, poco a poco, que se posó sobre nuestras cabezas y el sol a su lado fue apagándose hasta que desperté.
El azar, tempus fugit, la vanalidad… cuantos tópicos manifestados, cuanto simbolismo, cuanta fantasía. Cuanto poco de original, ¿lo ven? “…los sueños, sueños son”.
¿Donde recae la diferencia, el matiz? Ambas cosas, lo vivido, lo soñado, los podemos recordar, los podemos anotar, los podemos pintar, los podemos recitar. El matiz está en la singularidad, “la originalidad”, un sueño es un vivir singular, no compartido, la vida es compartida des de otras ópticas, por el resto que no somos nosotros. Estará entonces la verdadera originalidad tan sólo ligada al egoísmo? Será está un espejismo que nos oculta el verdadero motor del arte: el escribir, el pintar, el sonar, el representar. ¿Será la búsqueda de originalidad, la búsqueda suprema de algo tan lascivo como es el egoísmo?
La vida es la vida y los sueños, eso, sueños son. Sean entonces egoístas, y hagan el favor de compartir sus sueños con los demás.