Sobre un retrato de relato

No me cansaba de contemplarte, contemplándote, eras cómo un paisaje extendido desde el punto de fuga de la belleza, hasta mis iris; enfrentando nuestras esmeraldas. No me cansaba de tenerte al alcance de una caricia; no me cansaba de recorrerte con la mirada, recorrer sin brújula el sur, pero sobretodo el norte de tus extensiones; flores en su primera primavera.

Iris a iris, parpado mío; parpado tuyo. Estabas tan viva para mí, puros colores, una vida en alta definición. Yema a yema, cuando convenía. Y cuando no, la oscuridad se encargaba de hablar por nosotros.

Pero un día de tí sólo me dejaste un remitente; a mano alzada. Provocó eso que una ligera cortina, de las planas me refiero, se dibujase entre nuestros rostros; al principio nada; una leve pátina de hielo que con un poco de calor, de acercamiento, conseguíamos derretir y regalarnos si cupiera, un beso mojado.

Pero implacable pasó el tiempo; y llegaron muchos inviernos. Por ello, deshoja a deshoja esa tela de hielo se convirtió en una placa, suficiente gruesa como para que a destiempo nuestras pasiones no fueran capaces ya de fundirlo; de este modo empecé a verme reflejado; así que ya, sobre el cristal, pinté tu retrato.

Colgóle cerca de mi mesa, desde dónde te escribiría; primero algunas cartas correspondidas, más tarde ya; monólogos que no vieron luz de día. Así que tu retrato a compás de mi cabello con el tiempo se desteñía.

Así que llegaste a ser eso, un retrato en la pared del tiempo; “acompañado de muchos otros” pensarás quizá desde allá arriba. ¿Porqué será que no quieren llevarme contigo, dónde no existen ni noche ni día? Me dijeron que el cielo estaba cerrado y el infierno lleno; así que no hay otro remedio, vagar por la tierra a desgana, detrás de telón de la vida.

Soy ahora viejo y gris, no es precisamente amor lo que añoro, ni tampoco estima; pero eso sí te prometo una cosa, contemplaré los atardeceres desde tu lápida, con la esperanza de que en la hora en la que la noche encuentra el día, vengas a mi encuentro, y si no eres tú, aquél que el muy jodido, devuelve todas las cartas que me envias.

8 comentarios:

jimcueva dijo...

Otro maravilloso esscrito mi buen amigo, como siempre me sorprendes, espero pronto tener el honor de publicar uno en mi blog =)

Saludos amigo!!! ;)

Marc Costa i Sitjà dijo...

¡Gracias @Jim! Supongo que algun día perderé al capacidad de soprender... espero que sea éste realmente el dia que nunca llega :),

ya sabes que puedes publicar el que quieras :).

Saludos (de nuevo)!

José Luis Díaz dijo...

Gran relato Marc! con un final romantico e incluso paradójico.

Marc Costa i Sitjà dijo...

Si un tanto paradójico en verdad Jose pero en el fondo, qué no lo es por estos lares? Recuerda las tres letras por las que empeizan todas las cosas que me importan :)

José Luis Díaz dijo...

asi es! parece como si nuestras vidas fueran dirigidas hacia algo o por algo, y que lo que nos parecen paradojas sea tan solo una forma de medir nuestra ignorancia hacia aquello de lo que no sabemos la ley subyacente, no te parece?? un poco de filosofia barata! XD

Marc Costa i Sitjà dijo...

Ui se me estás escapando xD

amber dijo...

hola.. paseaba leyendo cosas sobre fotografía y encontré lo tuyo.. .te invito a ver dnd amalgamé una hermsa frase tuya con la foto de mi novio ! =) espero no te ofenda y agradezco tu humilde colaboracion!!!..http://www.facebook.com/home.php?#/photo.php?pid=2500779&id=690018280

Marc Costa i Sitjà dijo...

Buenas @Amber, siempre es bueno que uno llegue al blog de otro :) y me encanta que cojas mi frase para una foto tan bonita y que sirva para una situación como esta, estoy encantadísimo la verdad :) Gracias por citarme y a ver si nos vemos por aquí más a menudo!