Sobre un retrato de relato

No me cansaba de contemplarte, contemplándote, eras cómo un paisaje extendido desde el punto de fuga de la belleza, hasta mis iris; enfrentando nuestras esmeraldas. No me cansaba de tenerte al alcance de una caricia; no me cansaba de recorrerte con la mirada, recorrer sin brújula el sur, pero sobretodo el norte de tus extensiones; flores en su primera primavera.

Iris a iris, parpado mío; parpado tuyo. Estabas tan viva para mí, puros colores, una vida en alta definición. Yema a yema, cuando convenía. Y cuando no, la oscuridad se encargaba de hablar por nosotros.

Pero un día de tí sólo me dejaste un remitente; a mano alzada. Provocó eso que una ligera cortina, de las planas me refiero, se dibujase entre nuestros rostros; al principio nada; una leve pátina de hielo que con un poco de calor, de acercamiento, conseguíamos derretir y regalarnos si cupiera, un beso mojado.

Pero implacable pasó el tiempo; y llegaron muchos inviernos. Por ello, deshoja a deshoja esa tela de hielo se convirtió en una placa, suficiente gruesa como para que a destiempo nuestras pasiones no fueran capaces ya de fundirlo; de este modo empecé a verme reflejado; así que ya, sobre el cristal, pinté tu retrato.

Colgóle cerca de mi mesa, desde dónde te escribiría; primero algunas cartas correspondidas, más tarde ya; monólogos que no vieron luz de día. Así que tu retrato a compás de mi cabello con el tiempo se desteñía.

Así que llegaste a ser eso, un retrato en la pared del tiempo; “acompañado de muchos otros” pensarás quizá desde allá arriba. ¿Porqué será que no quieren llevarme contigo, dónde no existen ni noche ni día? Me dijeron que el cielo estaba cerrado y el infierno lleno; así que no hay otro remedio, vagar por la tierra a desgana, detrás de telón de la vida.

Soy ahora viejo y gris, no es precisamente amor lo que añoro, ni tampoco estima; pero eso sí te prometo una cosa, contemplaré los atardeceres desde tu lápida, con la esperanza de que en la hora en la que la noche encuentra el día, vengas a mi encuentro, y si no eres tú, aquél que el muy jodido, devuelve todas las cartas que me envias.

PODCAST: Sobre el día, que nunca llega



Tercer Podcast, esta vez, sobre el útlimo texto, Sobre el día, que nunca llega, por así decirlo se trata del primer texto que escribo pensando directamente en grabar un podcast. Este pequeño poema, nació en un viaje de autobús en el que me dió un tanto de pereza hacer otra cosa que no fuera mirar por la ventana, mientras escuchaba la canción "Everything fades to gray" de Sonata Arctica, la misma que suena de fondo en el Podcast, se me ocurrió el principio del mismo. Espero que os guste.

Sobre el día, que nunca llega


Nada, un ruido.
Nada, serie de tímidas huellas en la tundra, asustadas.
Nada, delirios en la oscuridad.
Hierbas temblorosas cobijadas bajo un manto blanco.
Heladas, silbante viento, ramas resonantes.
Miedos consonantes, llano en la penumbra.

Y al fín, el rayo que no cesa.
Proyección sutil rosácea que acaricia la estepa.
Perlas cristálinas, desheladas; rocío. Indicio de mañana.

Y al fín un pájaro canta. Y otro. Otro.
Lapis lázuli dispersado cubriendo llano.
Escarcha que se desprende de telaraña;
insecto que liberado, alas baten, haces cortan.

Y llega la primera hora de Zaratrusta.
La mañana que nos da la vida; viviendóla.
Cuál cosa infinita. No hay llanto si no es por espinas.
No hay mal que por bien no venga:
persistentemente tras las nuves; rayos de esperanzas.

Quisieras que cesara ese rayo al mediodía;
zenitalmente se llega a la cima,
llegada la mala hora, se alargan las sombras de la vida.
Encurvando el paisaje de la carne;
siendo visto, verse reflejado en ojos de otros.

El rubí ya se fragmenta ya recubre hasta las emociones;
la conciencia de que no todo dura;
el saber en su conocimiento se da por repetido;
las ganas de hacer nada; el ir tallando el cobalto.
Pulir el azabache pues no se tiene otra cosa en la vida.

Retorno de las consonancias, de los silvidos, las resonancias.
Violines que violentos anunciarán ruidosamente la vuelta
hacia la nada.


La fotografía que encabeza el poema por Pere Sitjà i Corrius, publicada aquí.

Sobre un final orgánico


Hoy haré que mi vida pierda su sentido;
ya
es solamente la última curva del camino;
una
forma extraña y me espera sentada en el recodo;

Se levanta al aproximarme: "siempre hay algo que aprender
viene
a mí al levantarme: a la repetición no tienes que temer".
Conmigo
se sienta entre un cielo al óleo rojo de atardecer.

A acariciar los senos de la vida
A besar a la boca la columna del sino.
A tragarse todas las lenguas del mundo.

Sobre los días raros

Nunca estuve allí (más allá de mi piel).
Nunca volveré a tí (más allá de mi piel).
Nunca diré nunca (más allá de mi piel).

Las palabras se han podrido en algún lugar entre la yema de los dedos y la punta del corazón; tengo el antebrazo roído por todas aquellas historias que al vuelo no pudieron ser cazadas ni clavadas en un muro intangible con una aguja bien bien afilada; volver a escribir es cómo andar por un bosque a oscuras. Sin luna llena.

He dejado tanto sin contar por este camino; al andar muy rápido podía sentir cómo las palabras una a una se desprendían de mí y falseaban la llegada de un duro invierno, posándose sobre el suelo. He visto como uno a uno los espectadores de está proyección de luz oscura se levantaban y marchaban ofendidos hasta la puerta de salida. Necesito salidas. Emergentemente.

Sobre los días raros podría decir muchas cosas; si por ello encontrara las palabras. Poco a poco, antes de que llegue el frío, sudaré está tinta que enturbia mi sangre y satura mis venas. Poco a poco, haré que lo justo sea necesario y que lo injusto deje de pesar en la balanza.

Y por ello,

Haré que tus colores se vuelvan grises.
Haré que toda palabra sea última.
Haré que no vuelvan jamás días raros.

Y que jamás vuelva a decir nunca.

Señoras y señores, bienvenidos de nuevo a mi vida.

PODCAST: Conjugar el verbo amar



El segundo podcast, gira entorno de un poema, Conjugar el verbo Amar, publicado hace tiempo y escrito hace aún más. Dejadme deciros que mientras tanto el diseño de Alter Ego aún no es definitivo puesto que aún me queda tocar algunas cosas y no termina de ser de mi gusto totalmente. Espero que este nuevo Podcast os guste.

Otras Destinaciones

Otras destinaciones saber es sello emastado sobre postal previo relamido cuasinutricional de empalagoso ajuste y perversamente dulce gusta. Precedido por un simulacro de sentimiento escrito, una estampa-reflejo de una blleza ajenamente retrada para una lectora sin situación en el espacio y menos en el tiempo.

Es por ella que esos buzones se ponen rojos de la risa provocada al envasar nuestros recuerdos en una fina lamina que tardará lunas desfasadas a alcanzar el remitente, a nuestra suerte. Es por ello que a veces sencillamente resulte más eficiente mandar un pensamiento por ondas hertzianas. Un beso estromboscopiado. Un saludo binario.

Y sin embargo cuán de bonita es la lectura trazada sin picar, sin proyectar, contragrafiada entre los lexodromas de las manos indudadas de tinta, ríos azules oscuros (casi negros). Espacios horizontales q los que incostumbramos. Porque no es lo mismo dormir de pié que en estirado hacia el horizonte.

Hay versos que no caben en tanto espacio. Palabra que exceden los márgenes. Pero caray no hay otra forma de saber capturar ese aire de anticuado,

de siglo pasado.

Eres un Norte

He andado muchas sendas,
con ojos vendados.
*
He cruzado muchos ríos,
con aguas angustiadas.
*
He encumbrado montañas,
con pies atados.
*
En todos esos haceres,
un punto cardinal había:
tu mano en la mía.
**
Ahora me he perdido;
ando aturdido,
nado hundido,
subo caído.
*
Te he perdido.
***

PODCAST: Polígonos Estrellados



Esta es una nueva sección de Alter Ego, nace de la necesidad de darle una nueva dimensión a lo que aquí se ha publicado. La palabra es la forma más barata y fundamental de comunicarse, cosa que a nadie le pasa desapercibida, escrita, es cruda, masticable, puede cocinarse de infinitas maneras. Hablada ya es otra cosa, el autor, llega un poco más allá, pudiéndo además vestirla, darle forma; acompañada de imágenes en movimiento ya es otro nivel al cuyo salto es cómo pasar de un mundo bidimensional a uno tridimensional, algo que aún no está a mi alcance.

Con una periodicidad aproximada de uno a la semana, iré publicando PODCAST de distintos textos escritos a lo largo de estos últimos 3 años en Alter Ego. No es que tenga a unos en particular en mente así que si queréis participar en la elección de los mismos estaré encantadísimo, es más, me encantará. Sólo tenéis que comentar en el PODCAST recién publicado y para el siguiente de seguro que os haré caso.

Cómo PODCAST, podéis suscribiros a ellos vía iTunes y automáticamente si tenéis vuestro iPOD sincronizado se os descargarán y podréis escucharlos dónde mejor os vaya, si no por supuesto podéis escucharlos de la forma tradicional en el Blog.

Espero que la idea os resulte atractiva. Además de esto he decidido depurar Alter Ego, filtrando los textos por etiquetas que poco a poco iré introduciendo en los textos antiguos, planeo también un lavado de cara del blog así que no tardaré mucho en cambiarlo de imagen.

El primer PODCAST, se trata nada más ni nada menos que del texto Polígonos Estrellados, publicado el 18 de marzo de 2009.

Vacante


P
arado delante del papél, la tinta se extendía debajo del peso de su pluma, absorviendo la celulosa se hacía más y más pesada, un acaudalado río de palabras que jamás serían inteligibles.

Ha perdido el control. Se ha perdido.

No es capaz de matarle. Así es cómo quería terminar la historia. Un accidente. Del todo inocente. Muerto por la inocencia de una mirada perdida, de unos ojos que te miran para que te mires. Mirarse al interior mientras montas en bicicleta no es una buena idea. Y lo que debía pasarle es que un coche le arrollara. Lo que debía pasarle es que una niña sentada encima de un muro, fijara su vista en él, una mirada del todo inocente, del todo desintencionada, tan higiénica que él no podría apartar la suya de esos ojos infantiles, hasta desviarse a la mitad de la carretera y ser brutalmente arrollado.

Pero no siempre se le puede pedir prestado a la vida. Puesto que eso precisamente, óbviamente sin la parte en la que es arrollado, es lo que le había pasado a él esa misma tarde mientras volvía de la piscina. Cómo si él se hubiera convertido por un momento en el personaje de su ficción, inmediatamente después de fijar su vista a la de esa niña se había dado cuenta de lo peligroso era aquello y de lo fácil que era despistarse y sufrir las consecuencias.

Pero ha perdido el control. ¿Qué puede hacer?

Hoy ha vuelto a ver a la niña, de nuevo sentada en ese muro, de nuevo en la misma postura, de nuevo la misma mirada. De nuevo la misma muerte de ficción. Esta vez se ha arriesgado más fijando durante más instantes, su mirada en la de ella. Crash.

Y ahora he perdido el control. Encontrarse,

delante de un papél, las teclas se repiten debajo el peso de mi índice, la pantalla se hace más y más pesada, un acaudalado río de palabras que jamás serán inteligibles.