Vade retro alter ego

Suena el teléfono, un tono, dos tonos, tres tonos… “¿Hola?” ¿Sabes quien soy? “¿Diga?” ¿No me reconoces? “Espera, oh… no puede ser” Oui mon amour, c’est moi “Pero, dime algo, te lo ruego” silencio “¿Aún no me has perdonado?” silencio “¿Eres tú?”. Se cuelga el teléfono. Llueve fuera y hace frío fuera, también dentro. Está sentado, al lado del teléfono. Caen gotas encima de la mesa. Ya no puede más.

Se concieron como se conoce todo el mundo; por casualidad. Compartieron una noche: palabras, risas, vino, poemas, canciones. La mañana siguiente despertó sólo pero con una determinación. Se quisieron al poco tiempo. No se volvió a despertar sólo durante mucho tiempo. Todo el mundo sabe que sólo ese tipo de noches conducen a perder a esa amante inoportuna llamada Soledad, todo el mundo sabe que se vuelven a hacer difíciles las noches cuando vuelve. Y volvió. Volvió porqué ella se había ido con otro. Y los tiempos pasados nunca murieron, y las verdades no se conviertieron en mentiras.

Él lo sabe bien, se le hace difícil vivir sin ella, colma los sentimientos: lleno de llanto, lleno de amor, se le hace difícil quererse a sí mismo. Proyecta su culpa en ella. Sus fracasos, sus desengaños, y se dice que el amor puede crecer hasta en la última llúvia. Y entonces empezó… Cada día que pasaba la necesitaba menos. Empezaron a aparecer las cursivas en su vida, fragmentos de sus pensamientos con los que no contaba, una parte de sí que despertó, una parte oscura, incontrolable, irrazonable; la necesitaba ¡menos y menos! Entonces empezó a llamarla. Al principio no se atrevía a articular palabra. Y es ahora cuando se empieza a narrar en presente, en primera persona:

Caen gotas también en la ventana. Acaba de colgar el teléfono, se dice que jamás, jamás ha deseado tu muerte ¡Aún! Sale de su casa, coge el coche. Conduce. Aparca, se baja del coche, las gotas caen fuerte sobre su chaqueta, mira su casa, da unos pasos, se detiene. ¡Aún! ¡Detente! ¡Ahora! ¡Te dí mi tiempo, mi vida! Me dijeron que sería un crimen. Avanza, cruza el jardín, llama a su puerta:

Soy yo, tu luz, tu candil, sí la vela encendida condenada a apagarse. Todo lo que quise, lo que he querido: estar contigo y sí sufrir dia tras dia. ¿Quién decidió un día que yo sólo me reiría de esta vida? Creo que tolero tu odio mucho más de lo que temes. Dime que las mentiras se perdonan De nuevo mi sombra… ¡entrará en tu vida! Abre tus ojos azúles ¡dímelo!: “¡Te quiero con todo mi ser!” Haz que me lo crea…¡Sé que mientes! Supongo que la vida a veces no es como queremos. ¡Llorarás por este infierno! Dime que no murieron esos días ¡O te matarán! Tendrás ahora todas las cosas que pueda darte, sólo tienes que abrir esta puerta ¡C’est moi!

Y entonces en el lago, el cisne negro abatió sus alas. Las había mantenido plegadas para la noche más oscura. Y levantó el vuelo.

3 comentarios:

DiaNa! dijo...

The end of this chapter!!

I love sonataa!!!

jiji nunca habia interpretado la cancion asi como lo hiciste tu!!
graxx!!

Lorenia dijo...

Muy Sonata Arctica.
Tiene de varias canciones.

Marc Costa i Sitjà dijo...

Efectivamente Lorenia, es un pequeño homenaje a canciones que me han acompañado muhco tiempo, The End of This Chapter, Don't Say a Word, Wildfire, Black Swan, Paid in Full...